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Camino de Santiago y al Finisterre de Ushuaia

octubre 19, 2009

En la ciudad de Borges me alojé en un hostel llamado Rayuela, un cocktail de bienvenida perfecto. En mi imaginario Buenos Aires siempre estuvo ligada al escritor de El Aleph, y lo gracioso es que la calle Borges, en pleno barrio de Palermo y donde esta el solar que albergó la casa de la infancia del escritor, desemboca en la bonita plaza Cortazar, una simetría de espejos muy borgiana. 

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Jorge Luis Borges (1899-1986)

La ciudad me recibió con lluvia y viento a pesar de que ya era primavera pero eso no impidió que la pasease y recorriera de manera intensa: San Telmo, La Boca, Recoleta, Palermo, el centro… Es una de las ciudades que más deseaba conocer en este viaje, quizás tuviera una expectativa muy alta sobre ella, pero aun así me ha gustado mucho, dicen que se parece bastante a Madrid pero yo la veo un claro ramalazo a Paris, sobre todo en su arquitectura y tamaño, Madrid afortunadamente sigue teniendo algo del poblachon manchego de Galdos que se resiste a perder y que la hace universal, así que podríamos hablar de Buenos Aires como la Paris de América Latina, de hecho es su capital cultural indiscutible, a la limón con Ciudad de México, una Paris meridional aliñada con un aroma intenso al sur de Italia y a la España inmigrante de boina, exilio y maleta de cartón.

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Obelisco de la Avenida 9 de Julio

Mi idea en esta primera visita porteña era estar un puñado de días para ver el lado más turístico de la ciudad, el sota caballo y rey, eso y lavar ropa, descansar, escribir en el blog y planear el ultimo coletazo del viaje. Por cierto que descubrí una lavandería genial y muy rápida escondida en una callejuela de San Telmo, esta regentada por una simpática señora rusa con la que tienes que negociar la hora de entrega de la ropa, y que en apenas unas horas me dejaba la ropa inmaculada y con un olor intenso a canela, flipante, a estas alturas de viaje estas pequeñas cosas te emocionan. Y en este barrio de lavanderías de canela, en San Telmo, ha sido donde más tiempo he pasado, esta cerca de mi hostel y es el barrio que más me gusta de la ciudad, el que guarda el sabor que albergaban mis expectativas, las traicioneras expectativas que tanto te zarandean en el viaje. San Telmo es turístico pero mola, tiene unas calles llenas de contenido y de cafés de los de libro y ventanal, hay también buenos restaurantes donde he disfrutado de la carne argentina, el primer día me metí una pantagruélica parrillada acompañada con una Quilmes helada de tres cuartos con la que alucine y que me obligó a una siesta de Rayuela, el barrio también tiene muchas tiendas de antigüedades donde toda la gente pasea pero poca gente compra, el domingo ponen un rastro en la Plaza Dorrego, el corazón de San Telmo, es el rastro dominguero con más nivel que he visto nunca, y en la noche donde hubo tenderetes puedes ver tango callejero bajo los árboles de la plaza.

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Caminito, barrio de La Boca

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Barrio de Palermo, desde la calle Jorge Luis Borges

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Escultura de uno de los mausoleos del Cementerio de la Recoleta

En Buenos Aires tome un barquito que atravesando el Río de la Plata me llevo a la Republica Oriental del Uruguay, primero a Colonia, y desde allí en bus hasta Montevideo. Y si Buenos Aires vive de espaldas al mar Montevideo se mete de lleno en él. Apenas estuve dos días en la ciudad, y me cayo simpática, me gusto, sobre todo la Ciudad Vieja, una pequeña península con mucho sabor marinero, allí descubrí un bar precioso, de los que no se olvidan y ya no quedan, Café Bar Lorenzo, regentado por Jesús, un emigrante gallego de Santiago de Compostela, que no recuerda el nombre de la playa que aparece en una enorme fotografía que preside el local pero que tampoco le importa mucho, sentado en una de sus viejas mesas y pegado a uno de sus ventanales disfrute de un bocata de salchichón y de un café con leche como dios manda, mientras tanto fuera un temporal de lluvia barría la península de Montevideo. Y en Montevideo me quedo una espinita, no pude visitar por problemas de horario el Palacio Pittamiglio, una extraña y evocadora construcción al borde del mar construida por un enigmático arquitecto, Humberto Ponciano Pittamiglio Bonifacino, en donde aplicó sus conocimientos de alquimia y esoterismo, por lo visto el alambicado edificio en su interior alberga un premeditado laberinto lleno de salones, escaleras, esculturas e infinitos recovecos y puertas que no conducen a nada. Solo pude disfrutar de su exterior, una fachada constreñida por dos edificios modernos que tiene una imagen de la Victoria de Samotracia sostenida por una proa de barco que mira hacia el mar.

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Monumento a Artigas, Plaza de Independencia, Montevideo

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Fachada del Palacio Pittamiglio

Y desde Montevideo empecé una especie de loco Inter Rail que atravesando Argentina me llevo hasta Chile, estos días lleve un ritmo muy rápido porque mi objetivo primordial era ahorrar el máximo de tiempo para la Patagonia y los últimos días en Buenos Aires, así que apreté el acelerador echándolo todo. De Uruguay me fui a Córdoba pasando la noche en el bus, y en Córdoba ni pase la noche, deje la mochila en la consigna de la terminal y me lance a ver la ciudad, una ciudad que no tiene mucho, así que en pocas horas se me agoto, y ¿entonces que hacer? estaba cansado y aburrido de la ciudad, y me quedaban bastantes horas hasta coger el autobús nocturno que me llevaría hasta Mendoza, pues al poco de darle vueltas al tema hallé la solución: irme al cine. Era barato, dos euros y pico por peli, tiene asientos cómodos y es entretenido, y hay palomitas!!… Así que perfecto, me trinque en plan sesión continua “El secreto de sus ojos”, muy muy buena, y la ultima de Almodovar “Los abrazos rotos”, que estuvo bien pero me repitió un poco. Salve la tarde. Y Mendoza tiene más que Córdoba pero tampoco tiene mucho, aunque si es verdad que es una ciudad muy agradable. Lo más destacable es que me aloje en un hostel donde daban vino gratis a los huéspedes, y además mazo de peleón, así que imaginaros, había un montón de mochileros borrachos superpasados, además el dueño era todo un personaje, fue divertido. Y de Mendoza, tome un bus que atravesando unos espectaculares Andes nevados me dejo en Valparaíso, la ciudad que más me ha gustado de esta última parte del viaje, y que junto a Quito, Antigua y Cuzco conformarían para mi el top de ciudades en el viaje americano, solo que Valparaíso no es colonial, su belleza es distinta.

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Valparaíso es una ciudad de trolebuses verdes en la que podría vivir y no me cansaría de pasearla. La ciudad se extiende sobre una serie de cerros que en forman de anfiteatro se asoman al Oceáno Pacífico rodeando la bahía y el puerto, esta ciudad tuvo un pasado glorioso debido a que fue parada obligada en la ruta interoceánica del Estrecho de Magallanes o del Cabo de Hornos, fue el principal puerto del hemisferio sur, pero cuando se abrió el Canal de Panamá entro en declive. Valparaiso tiene una arquitectura preciosa, durante el siglo XIX arribaron a la ciudad muchos emigrantes de Alemania, Inglaterra, Francia y Estados Unidos trayendo los estilos arquitectónicos en boga en sus respectivos países, haciendo de la ciudad un caleidoscopio de edificios variopintos al mezclarse con lo colonial y con su orografía de cerros. Valparaíso es una ciudad que se resbala desde sus cerros al mar, y cada cerro es diferente y cada uno de ellos tiene una trama enrevesada de arquitecturas y colores, casitas preciosas de antiguos comerciantes que vigilan la bahía, y cada uno de los cerros tiene antiguos y bonitos ascensores hechos de madera y dorados, algunos decimonónicos, que como funiculares conectan la parte baja de la ciudad con los cerros. En Valparaíso estuve un par de días pateando y pateando la ciudad, y no me canse, me hubiera gustado estar más tiempo y me encantaría volver.

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Y tras Valparaíso llegue a Santiago, Ultreia!!!, el Santiago de este Mi Gran Viaje. Y lo primero que hice no fue ir a abrazar al santo sino ir a buscar una lavandería, que falta me hacia. Y después me fui directito a ver otro lugar mítico en mi imaginario personal, el Palacio de la Moneda, la sede de la Presidencia de Chile, donde el presidente Salvador Allende murió el 11 de septiembre de 1973 acorralado por los militares comandados por el general Pinochet que estaban dando un golpe de estado para acabar con la democracia y el gobierno socialista elegido democráticamente. Poco antes de morir Allende lanzo su último mensaje a la nación chilena a través de una emisora de radio que aun no controlaban los golpistas… “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” (Para leer el mensaje entero: http://es.wikisource.org/wiki/%C3%9Altima_alocuci%C3%B3n_de_Salvador_Allende ). Aquel golpe de estado marco para siempre la historia de América Latina, es una lección histórica que no se puede olvidar, y Allende se convirtió en un símbolo para todo el mundo, muchos que hoy en día critican las dinámicas históricas de Cuba, Venezuela y Bolivia y sus respectivos procesos de transformación social deberían repasarse la historia de Allende y de aquel Chile que sucumbió al ejercito golpista apoyado y dirigido por el gobierno de Estados Unidos, comprenderían muchas cosas, por cierto una historia chilena que es casi un calco de la historia española: revolución democrática abortada por generales fascistas y larga dictadura de mano dura donde se eliminó física y literalmente a toda la oposición de izquierdas, se sabe que Pinochet se inspiro en la represión franquista para llevar a cabo la suya.

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El Presidente Salvador Allende (1908-1973)

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Palacio de la Moneda, Santiago de Chile

Y mientras hacia la foto al Palacio de la Moneda, la que esta justo encima, tuve uno de los encuentros mas especiales y mágicos del viaje, una chica se para en la calle y me dice -¿Eres Jesús?- y yo que me quedo a cuadros, porque no la conocía de nada, y resulta que me conocía del blog y encima era la hermana de una amiga de Madrid, de Carmen, muy fuerte, así que después de presentarnos y de flipar un rato, Belén, que así se llama, y yo nos fuimos a dar una vuelta por Santiago y como estaba aburridilla me hizo de guía para conocer la ciudad durante todo el día, estuvo guay, tuvimos muy buen rollo y muy buenas “conversaciones treintañeras”. Belén esta en Chile con la idea de encontrar trabajo y quedarse a vivir aquí, de momento, es antropóloga y ya estuvo durante un año en Chile con una beca estudiando y participando en un proyecto relacionado con el pueblo Mapuche, así que a ver si tiene suerte y consigue su objetivo, ¡suerte Belén!, ya me contaras. Pero es que además hubo otro encuentro curioso, y es que al día siguiente pensaba quedar con Cata y Rocío, a las cuales conocí en el tour de Uyuni, pero el caso es que después de pasar la mañana turisteando, donde ví la preciosa casa de Neruda, La Chascona, me comí una paila (consomé con mariscada) que estaba riquísima pero que me sentó fatal y tuve que volverme al hostel donde dormí tres horas del tirón!!, cuando me levante aun seguía debilucho y me fui a un ciber para decirles a Cata y Rocío que no podía quedar, pero resulta que me siento en un ordenador del ciber y Rocío estaba sentada al lado, muy fuerte, estaban preocupadas porque no llamaba y me habían estado buscando por los hostel del barrio donde les dije que estaba alojado, que majas!, de hecho Rocio me estaba escribiendo un mail… Al final cambiamos el plan de irnos de cervezas por el de tomarnos unos zumitos en la plaza enfrente del hostel, estuvo muy bien, un beso Cata y Rocío!!…

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Con Cata y Rocío (las del banco) en la bonita Plaza de la Libertad de Prensa

Y de Santiago puse rumbo al Finisterre de este viaje, a Ushuaia. Pero antes tenia que ir a ver el glaciar Perito Moreno, en Calafate, así que tome un autobús que tardo primero ocho horas de Santiago a Mendoza, otra vez en Argentina, y de Mendoza cogi otro bus que tras 43 HORAS!!! de autobús (record del viaje) me dejo en Río Gallegos, ya en la Patagonia, y desde allí otro autobús que tardo cinco horas en llegar a Calafate. Me tire tres días viviendo y durmiendo en autobuses hasta llegar a Calafate, tres días de películas americanas malas, sándwiches de queso y salami, tés con secos alfajores de dulce de leche, y tres días de atravesar la gran nada que supone la inmensa Pampa argentina patagónica. Hubiera sido más fácil llegar por aire, e incluso más barato, pero había que llegar por tierra y agotar la geografía. Y a parte de todo esto, dos recuerdos de este viaje pat-agónico: 1) Mi compañero de asiento era un viejete muy simpático que parecía uno de esos cuchilleros de los cuentos de Borges, no dejaba de manosear su móvil con unas manos de uñas kilométricas, y el móvil no dejaba de sonar, el tono decía con voz de tanguero: – Me han pedido que repita la historia de la paradoja que es la vida…- siempre se cortaba ahí, era el tiempo que tardaba el viejo en coger el móvil, así que nunca supe como terminaba la frase, tampoco se lo pregunte. 2) Había una mujer dos asientos más atrás, nunca me gire para ver su cara, que no paraba de repetir – A mi los autobuses me dan nauseas porque huelen a plástico-… Menudo viajecito, el último esfuerzo.

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Atravesando la nada

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Calafate esta entre montañas y al borde de un lago precioso, y es el lugar desde donde se visita el impresionante Glaciar Perito Moreno, otro hito esperado del viaje, y como en Iguazú, uno de esos lugares donde la naturaleza y el agua vuelven a ser los protagonistas, y donde vuelven a hacerte sentir pequeñito mostrando su grandiosidad. El Glaciar Perito Moreno es un brazo del Campo Hielo Patagónico Sur de cinco kilómetros de longitud y sesenta metros de altura que se precipita y desciende hacia el Lago Argentino a una velocidad de dos metros por día, lo que provoca continuos derrumbes de hielo sobre el lago que producen pequeños icebergs. Y yo tuve suerte porque el día que lo visite el cielo estaba parcialmente cubierto lo que da al hielo un precioso color azul, y seguí teniendo suerte porque puede ver varios espectaculares derrumbes de hielo del glaciar. Una de las maravillas del viaje, y del planeta, es de obligada visita.

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Vista del Glaciar Perito Moreno

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Y quedaba el último empujón, llegar a Ushuaia, y se resistió porque fueron días de intensas nevadas. Pero tras horas de autobuses y combinaciones algo forzadas que me llevo a Puerto Natales y Punta Arenas, otra vez en Chile, y atravesar el Estrecho de Magallanes para llegar a la isla de Tierra del Fuego conseguí llegar al final, a Ushuaia, la ciudad más al sur del mundo, el último objetivo de este viaje, el último punto en el mapa que alcanzar, y no defraudo, fue un perfecto final de viaje.

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Ushuaia

La ciudad de Ushuaia esta en la costa del Canal de Beagle y rodeada de preciosas montañas de nieves perpetuas. En Ushuaia conocí a mucha y buena gente, conocí a Mireia y Marc, y a Pau y Mónica, dos parejas catalanas y viajeros de larga duración con blog, como yo, son de mi estirpe mochilera, pase muy buenos momentos con ellos y una vez más, como me paso con Joao, me hicieron sentir menos bicho raro pero también menos especial (sus blogs son:  http://www.viatge365.blogspot.com/ y http://www.elpauilamonimarxen.blogspot.com/ . Y también conocí a Pablo y Darío, de Buenos Aires, con los que tuve muy buen rollo y buenas conversaciones de política y fútbol. Y Estuve tres noches en el fin del mundo. El primer día fue de tranqui y de reconocimiento, lo necesitaba después de tanta paliza y el segundo lo dedique a un tour en catamarán que recorría el Canal de Beagle y visitaba el “Falso Faro del Fin del Mundo” (Faro Les Eclaireurs), una colonia de lobos marinos y una pingüinera de pingüinos magallánicos. Estuvo guay el tour, fue el literal punto y final de trece meses de viaje, al menos geográficamente. El paisaje era espectacular y más tras la nevada de la noche anterior, hacia frio pero también solecito.

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Foto testimonial de fin de viaje, al fondo el Puerto de Ushuaia y las aguas del Canal Beagle

En el tour también iban Pablo, Darío, Marc y Mireia, y Pau y Mónica. Con Pablo y Darío hice la ida casi todo el  tiempo en cubierta, no olvidare nunca el buen rollo de estar tomando mate con ellos hablando de fútbol, sobre todo de Maradona, y disfrutando del paisaje de la Tierra del Fuego, y tampoco olvidare lo que le ocurrió a mi cámara de fotos, estando en cubierta y despues de echarles una foto a Darío y Pablo la cámara se me resbalo y cayo al suelo reventándose el objetivo, la pobre ha sufrido la infección masiva de virus de todos los países y pelajes, después sufrió la perdida y amputación del cable, más tarde se jodió el flash en el interior de la mina de Potosí, y por ultimo fue a morir en el camino al “Falso Faro del Fin del Mundo”. En el Finisterre del Camino de Santiago los peregrinos queman sus ropas en el Cabo justo en el momento en que el Sol se esconde en el Atlántico, en el Finisterre de este camino de manera fortuita he ofrecido el sacrificio de mi querida cámara que tan bien se ha portado durante todo el viaje, es como un sacrificio inconsciente de toda la memoria del viaje, para renacer hay que limpiarse y renovarse primero, quien no se consuela… Descanse en paz.

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La última foto de mi camara, justo después de echarla sucumbió. En la foto, a la izquierda Darío y a la derecha Pablo, vaya par de montoneros terroristas!!!

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“El Falso Faro del Fin del Mundo” o Faro Les Eclaireurs, en la Bahia de Ushuaia. Punto y final del itinerario del viaje. Evidentemente la foto no es mia, ni de mi camara.

Y desde Ushuaia cogí un avión junto a Marc y Mireia, que en tres horas!! y más barato!! (con lo que costo llegar!!) nos dejo en Buenos Aires, donde me encuentro ahora. Me quedan unos poquitos días antes de coger el vuelo a Madrid y de que el viaje se acabe, ya os contare… De momento os dejo porque tengo que ir a recoger la colada a la lavandería de canela. Ultreia!!.

NOTA: Intentare completar con más imagenes de mis compañeros de viaje esta entrada, sobre todo la última parte y la foto de Belén, Belén mandamela!!, o le digo a Carmen que me mande la que ella quiera. Y Cata y Rocio si teneis una foto buena de vosotras en Santiago mandarmela, las mias no son buenas.

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