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Epílogo madrileño y final del blog

noviembre 19, 2009

Ya hace casi cuatro semanas que volví de Mi Gran Viaje. Y aun sigo descolocado. No tanto como la primera semana, que fue un autentico flipamiento continuo, un solemne “jet lag vital”, mi cuerpo estaba aquí pero “mi espíritu” (entendiendo este metafóricamente y no metafísicamente) aun seguía con la mochila al hombro, pateando ciudades y cogiendo autobuses por América del sur. Parte de mi aun no había vuelto, y aun hoy me falta un cachito.

(La Gran Vía madrileña vista desde uno de mis cafés fetiches, y secretos.)

Y fue curioso volver donde siempre pero contemplarlo como un lugar nuevo, como una ciudad más del viaje, la última. Y flipabas con las pequeñas cosas que no recordabas, los pequeños detalles cotidianos olvidados, y era entrañable, y te sorprendías por todo. Pero lo más bonito fue reencontrarme con mi familia y mi gente. Fue muy emocionante la llegada y los reencuentros, la acogida, los besos y los abrazos. Llegue a las seis de la mañana a Madrid y mi familia me fue a buscar al aeropuerto y después me dieron un desayuno sorpresa con toda la familia, que estaba escondida en casa, un pedazo de desayuno familiar con sus porras y sus churros, su chocolatazo, y su tomatito rayado para untar en pan con aceitito de oliva… Ah! y en la puerta de casa habían colocado una flecha amarilla, la última de Mi Gran Viaje.

Algo divertido de los reencuentros fue que me di cuenta de que el viaje es una cosa tan grande que no cabe en una pregunta ni tampoco en una respuesta. Y es que me encontraba con mi gente y después de los saludos y besos de rigor se quedaban un poco parados y me decían – Bueno, ¿y… qué tal?- y yo acababa respondiendo –Pues… bien-, y si acaso añadía –contento-, y ahí se quedaba la cosa del viaje, luego hablábamos de lugares y personas comunes, aunque había muchos que te decían eso de –que suerte, que gran experiencia-, esta ha sido la expresión más repetida junto a la pregunta de ¿Cuál ha sido el país que más te ha gustado durante el viaje?, a lo que yo respondía rotundamente que la India. Es complicado preguntar por un año de vida tan inusual y es muy difícil dar una respuesta que abarque trece meses de viaje y de vida.

(Pintada reveladora en la esquina de la calle Santa María con Costanilla de los Desamparados, barrio de Las Letras.)

Y también me reencontré con mi Madrid. Ese Madrid que huele a bocata de calamares y a café con leche en vaso de caña. Volví a mis calles. Unas calles donde se respiraba esa dureza urbana típica de la vieja Europa. Ya no me acordaba del estrés, de las prisas compulsivas y de “los replicantes con los esfínteres apretaos”, y de lo aburridos que somos los europeos, se acabaron los colores vivos y alegres, todo se inundo de abrigos oscuros y urbanitas sofisticados de líneas rectas. Aquí hace tiempo que la espontaneidad sucumbió a lo políticamente correcto, a la pose y al estatus, lamentablemente cada vez somos más europedos y menos ibéricos, menos nosotros, menos sur.

Y además me encontré con una sociedad muy tristona y negativa con todo el tema de la crisis y la corrupción política. Junto a la habitual rutina se palpa en el ambiente el miedo a perder el trabajo por la jodida crisis, o a no encontrarlo. Las cosas nunca fueron boyantes por aquí pero ahora aun van peor, aunque yo ya he decidido aislarme de todo ese runrún pesimista y catastrofista de fondo, hay mucha neura y mucho miedo inyectado mediáticamente. Una nueva gripe A. Y es que para alguien que ha recorrido países tan pobres como la India te cuesta encajar la idea de crisis en medio de toda nuestra opulencia material. Ya se sabe que viajar relativiza, y el viajero siempre fue y será un peligroso mensajero de realidades lejanas que pone en duda los paradigmas locales.

(Calle de Santa María, en el barrio de Las Letras, quizás mi calle favorita de Madrid.)

Resumiendo, se podría decir que los primeros días de la vuelta fueron una mezcla entre el shock por el cambio radical de vida y el disfrute de la situación excepcional que supone volver a tu ciudad después de trece meses de viaje. Lo recomendable, y lo mejor, es relajarse y disfrutar de todas esas sensaciones y situaciones, no oponerse, eso, y mucha paciencia con el futuro inmediato. Ir paso a paso, poco a poco. Aun así, todavía siento que debe “reposar el arroz” de todo lo que me ha ocurrido durante este último año. En el fondo aun no se qué ha significado este viaje para mí, me falta perspectiva. Ya veremos.

Pero estas últimas cuatro semanas han tenido más cosas a parte de la vuelta del viaje y los reencuentros. También llego Roberta a Madrid y nos fuimos directamente a vivir juntos, otro viaje, ya hemos encontrado un apartamento muy cuco en el centro. Y yo me he matriculado en la universidad. Y ya estamos buscando los dos trabajo. Como veis son muchas cosas en muy poco tiempo y esto ha hecho que el viaje se vaya disipando y archivando aun más rápido. Ya es pasado. Ley de vida. Solo quedaba acabar el blog.

(Una de las grandes sorpresas de la vuelta. Este libro de la foto es el regalazo que me hizo mi amiga Carmen, con la ayuda de Rafa. Y es nada más y nada menos que el blog, este blog que estas leyendo y que ahora termina, impreso sobre papel, casi nada, menuda sorpresa y menudo detallazo. Me emocione un monton cuando de repente tenia fisicamente entre mis manos Mi Gran Viaje. Una foto del blog en el blog.)

Bueno, pues la presente entrada es la última entrada de blog y el último retazo del viaje. Se acabo. ¡Que penita! Parece mentira. Ha sido más de un año de crónicas y fotos, de relatos, vivencias y encuentros, de reflexiones y experiencias, de lugares y descripciones. Y ha sido un placer. He disfrutado mucho escribiendo este blog, no esperaba tanto, ha sido un viaje paralelo y ha sido un lugar donde he aprendido muchisimo. Y ha sido un placer compartirlo con tod@s vosotr@s, tanto con los que habeis participado activamente con vuestros comentarios como con los que habeis seguido el blog más intimamente. A todos os quiero dar las gracias por vuestra compañía, complicidad, calor y cariño.

Pero aunque este blog termina yo no termino con los blogs. He encontrado en el escribir una herramienta de expresion y de placer que voy a seguir cultivando. Si hay gente que toca en un grupo, pinta o hace ceramica, yo escribo, y además escribo en blogs, un marco donde escribir es algo más que escribir, es también compartir. Asi que del vientre de este blog nace un nuevo blog, que antes eran dos sonrisas (todo esto definitivamente de momento, por supuesto(: y se llamará “La Sonrisa del Laberinto” http://lasonrisadellaberinto8.wordpress.com/ , un nuevo cuaderno de bitacora para un nuevo viaje, un viaje al centro a través de una geografia por escribir y describir. “La Sonrisa del Laberinto” se esta creando aun, sigue en construcción y sin palabras. Asi, que este adios puede ser un hasta luego. De nuevo, gracias a tod@s. ¡Nos vemos en los blogs!.

¡Besos y abrazos para tod@s! ¡Buen camino!

San Fernando de Henares, Madrid, 18 de noviembre del 2009.

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