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Epílogo madrileño y final del blog

noviembre 19, 2009

Ya hace casi cuatro semanas que volví de Mi Gran Viaje. Y aun sigo descolocado. No tanto como la primera semana, que fue un autentico flipamiento continuo, un solemne “jet lag vital”, mi cuerpo estaba aquí pero “mi espíritu” (entendiendo este metafóricamente y no metafísicamente) aun seguía con la mochila al hombro, pateando ciudades y cogiendo autobuses por América del sur. Parte de mi aun no había vuelto, y aun hoy me falta un cachito.

(La Gran Vía madrileña vista desde uno de mis cafés fetiches, y secretos.)

Y fue curioso volver donde siempre pero contemplarlo como un lugar nuevo, como una ciudad más del viaje, la última. Y flipabas con las pequeñas cosas que no recordabas, los pequeños detalles cotidianos olvidados, y era entrañable, y te sorprendías por todo. Pero lo más bonito fue reencontrarme con mi familia y mi gente. Fue muy emocionante la llegada y los reencuentros, la acogida, los besos y los abrazos. Llegue a las seis de la mañana a Madrid y mi familia me fue a buscar al aeropuerto y después me dieron un desayuno sorpresa con toda la familia, que estaba escondida en casa, un pedazo de desayuno familiar con sus porras y sus churros, su chocolatazo, y su tomatito rayado para untar en pan con aceitito de oliva… Ah! y en la puerta de casa habían colocado una flecha amarilla, la última de Mi Gran Viaje.

Algo divertido de los reencuentros fue que me di cuenta de que el viaje es una cosa tan grande que no cabe en una pregunta ni tampoco en una respuesta. Y es que me encontraba con mi gente y después de los saludos y besos de rigor se quedaban un poco parados y me decían – Bueno, ¿y… qué tal?- y yo acababa respondiendo –Pues… bien-, y si acaso añadía –contento-, y ahí se quedaba la cosa del viaje, luego hablábamos de lugares y personas comunes, aunque había muchos que te decían eso de –que suerte, que gran experiencia-, esta ha sido la expresión más repetida junto a la pregunta de ¿Cuál ha sido el país que más te ha gustado durante el viaje?, a lo que yo respondía rotundamente que la India. Es complicado preguntar por un año de vida tan inusual y es muy difícil dar una respuesta que abarque trece meses de viaje y de vida.

(Pintada reveladora en la esquina de la calle Santa María con Costanilla de los Desamparados, barrio de Las Letras.)

Y también me reencontré con mi Madrid. Ese Madrid que huele a bocata de calamares y a café con leche en vaso de caña. Volví a mis calles. Unas calles donde se respiraba esa dureza urbana típica de la vieja Europa. Ya no me acordaba del estrés, de las prisas compulsivas y de “los replicantes con los esfínteres apretaos”, y de lo aburridos que somos los europeos, se acabaron los colores vivos y alegres, todo se inundo de abrigos oscuros y urbanitas sofisticados de líneas rectas. Aquí hace tiempo que la espontaneidad sucumbió a lo políticamente correcto, a la pose y al estatus, lamentablemente cada vez somos más europedos y menos ibéricos, menos nosotros, menos sur.

Y además me encontré con una sociedad muy tristona y negativa con todo el tema de la crisis y la corrupción política. Junto a la habitual rutina se palpa en el ambiente el miedo a perder el trabajo por la jodida crisis, o a no encontrarlo. Las cosas nunca fueron boyantes por aquí pero ahora aun van peor, aunque yo ya he decidido aislarme de todo ese runrún pesimista y catastrofista de fondo, hay mucha neura y mucho miedo inyectado mediáticamente. Una nueva gripe A. Y es que para alguien que ha recorrido países tan pobres como la India te cuesta encajar la idea de crisis en medio de toda nuestra opulencia material. Ya se sabe que viajar relativiza, y el viajero siempre fue y será un peligroso mensajero de realidades lejanas que pone en duda los paradigmas locales.

(Calle de Santa María, en el barrio de Las Letras, quizás mi calle favorita de Madrid.)

Resumiendo, se podría decir que los primeros días de la vuelta fueron una mezcla entre el shock por el cambio radical de vida y el disfrute de la situación excepcional que supone volver a tu ciudad después de trece meses de viaje. Lo recomendable, y lo mejor, es relajarse y disfrutar de todas esas sensaciones y situaciones, no oponerse, eso, y mucha paciencia con el futuro inmediato. Ir paso a paso, poco a poco. Aun así, todavía siento que debe “reposar el arroz” de todo lo que me ha ocurrido durante este último año. En el fondo aun no se qué ha significado este viaje para mí, me falta perspectiva. Ya veremos.

Pero estas últimas cuatro semanas han tenido más cosas a parte de la vuelta del viaje y los reencuentros. También llego Roberta a Madrid y nos fuimos directamente a vivir juntos, otro viaje, ya hemos encontrado un apartamento muy cuco en el centro. Y yo me he matriculado en la universidad. Y ya estamos buscando los dos trabajo. Como veis son muchas cosas en muy poco tiempo y esto ha hecho que el viaje se vaya disipando y archivando aun más rápido. Ya es pasado. Ley de vida. Solo quedaba acabar el blog.

(Una de las grandes sorpresas de la vuelta. Este libro de la foto es el regalazo que me hizo mi amiga Carmen, con la ayuda de Rafa. Y es nada más y nada menos que el blog, este blog que estas leyendo y que ahora termina, impreso sobre papel, casi nada, menuda sorpresa y menudo detallazo. Me emocione un monton cuando de repente tenia fisicamente entre mis manos Mi Gran Viaje. Una foto del blog en el blog.)

Bueno, pues la presente entrada es la última entrada de blog y el último retazo del viaje. Se acabo. ¡Que penita! Parece mentira. Ha sido más de un año de crónicas y fotos, de relatos, vivencias y encuentros, de reflexiones y experiencias, de lugares y descripciones. Y ha sido un placer. He disfrutado mucho escribiendo este blog, no esperaba tanto, ha sido un viaje paralelo y ha sido un lugar donde he aprendido muchisimo. Y ha sido un placer compartirlo con tod@s vosotr@s, tanto con los que habeis participado activamente con vuestros comentarios como con los que habeis seguido el blog más intimamente. A todos os quiero dar las gracias por vuestra compañía, complicidad, calor y cariño.

Pero aunque este blog termina yo no termino con los blogs. He encontrado en el escribir una herramienta de expresion y de placer que voy a seguir cultivando. Si hay gente que toca en un grupo, pinta o hace ceramica, yo escribo, y además escribo en blogs, un marco donde escribir es algo más que escribir, es también compartir. Asi que del vientre de este blog nace un nuevo blog, que antes eran dos sonrisas (todo esto definitivamente de momento, por supuesto(: y se llamará “La Sonrisa del Laberinto” http://lasonrisadellaberinto8.wordpress.com/ , un nuevo cuaderno de bitacora para un nuevo viaje, un viaje al centro a través de una geografia por escribir y describir. “La Sonrisa del Laberinto” se esta creando aun, sigue en construcción y sin palabras. Asi, que este adios puede ser un hasta luego. De nuevo, gracias a tod@s. ¡Nos vemos en los blogs!.

¡Besos y abrazos para tod@s! ¡Buen camino!

San Fernando de Henares, Madrid, 18 de noviembre del 2009.

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Camino de Santiago y al Finisterre de Ushuaia

octubre 19, 2009

En la ciudad de Borges me alojé en un hostel llamado Rayuela, un cocktail de bienvenida perfecto. En mi imaginario Buenos Aires siempre estuvo ligada al escritor de El Aleph, y lo gracioso es que la calle Borges, en pleno barrio de Palermo y donde esta el solar que albergó la casa de la infancia del escritor, desemboca en la bonita plaza Cortazar, una simetría de espejos muy borgiana. 

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Jorge Luis Borges (1899-1986)

La ciudad me recibió con lluvia y viento a pesar de que ya era primavera pero eso no impidió que la pasease y recorriera de manera intensa: San Telmo, La Boca, Recoleta, Palermo, el centro… Es una de las ciudades que más deseaba conocer en este viaje, quizás tuviera una expectativa muy alta sobre ella, pero aun así me ha gustado mucho, dicen que se parece bastante a Madrid pero yo la veo un claro ramalazo a Paris, sobre todo en su arquitectura y tamaño, Madrid afortunadamente sigue teniendo algo del poblachon manchego de Galdos que se resiste a perder y que la hace universal, así que podríamos hablar de Buenos Aires como la Paris de América Latina, de hecho es su capital cultural indiscutible, a la limón con Ciudad de México, una Paris meridional aliñada con un aroma intenso al sur de Italia y a la España inmigrante de boina, exilio y maleta de cartón.

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Obelisco de la Avenida 9 de Julio

Mi idea en esta primera visita porteña era estar un puñado de días para ver el lado más turístico de la ciudad, el sota caballo y rey, eso y lavar ropa, descansar, escribir en el blog y planear el ultimo coletazo del viaje. Por cierto que descubrí una lavandería genial y muy rápida escondida en una callejuela de San Telmo, esta regentada por una simpática señora rusa con la que tienes que negociar la hora de entrega de la ropa, y que en apenas unas horas me dejaba la ropa inmaculada y con un olor intenso a canela, flipante, a estas alturas de viaje estas pequeñas cosas te emocionan. Y en este barrio de lavanderías de canela, en San Telmo, ha sido donde más tiempo he pasado, esta cerca de mi hostel y es el barrio que más me gusta de la ciudad, el que guarda el sabor que albergaban mis expectativas, las traicioneras expectativas que tanto te zarandean en el viaje. San Telmo es turístico pero mola, tiene unas calles llenas de contenido y de cafés de los de libro y ventanal, hay también buenos restaurantes donde he disfrutado de la carne argentina, el primer día me metí una pantagruélica parrillada acompañada con una Quilmes helada de tres cuartos con la que alucine y que me obligó a una siesta de Rayuela, el barrio también tiene muchas tiendas de antigüedades donde toda la gente pasea pero poca gente compra, el domingo ponen un rastro en la Plaza Dorrego, el corazón de San Telmo, es el rastro dominguero con más nivel que he visto nunca, y en la noche donde hubo tenderetes puedes ver tango callejero bajo los árboles de la plaza.

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Caminito, barrio de La Boca

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Barrio de Palermo, desde la calle Jorge Luis Borges

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Escultura de uno de los mausoleos del Cementerio de la Recoleta

En Buenos Aires tome un barquito que atravesando el Río de la Plata me llevo a la Republica Oriental del Uruguay, primero a Colonia, y desde allí en bus hasta Montevideo. Y si Buenos Aires vive de espaldas al mar Montevideo se mete de lleno en él. Apenas estuve dos días en la ciudad, y me cayo simpática, me gusto, sobre todo la Ciudad Vieja, una pequeña península con mucho sabor marinero, allí descubrí un bar precioso, de los que no se olvidan y ya no quedan, Café Bar Lorenzo, regentado por Jesús, un emigrante gallego de Santiago de Compostela, que no recuerda el nombre de la playa que aparece en una enorme fotografía que preside el local pero que tampoco le importa mucho, sentado en una de sus viejas mesas y pegado a uno de sus ventanales disfrute de un bocata de salchichón y de un café con leche como dios manda, mientras tanto fuera un temporal de lluvia barría la península de Montevideo. Y en Montevideo me quedo una espinita, no pude visitar por problemas de horario el Palacio Pittamiglio, una extraña y evocadora construcción al borde del mar construida por un enigmático arquitecto, Humberto Ponciano Pittamiglio Bonifacino, en donde aplicó sus conocimientos de alquimia y esoterismo, por lo visto el alambicado edificio en su interior alberga un premeditado laberinto lleno de salones, escaleras, esculturas e infinitos recovecos y puertas que no conducen a nada. Solo pude disfrutar de su exterior, una fachada constreñida por dos edificios modernos que tiene una imagen de la Victoria de Samotracia sostenida por una proa de barco que mira hacia el mar.

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Monumento a Artigas, Plaza de Independencia, Montevideo

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Fachada del Palacio Pittamiglio

Y desde Montevideo empecé una especie de loco Inter Rail que atravesando Argentina me llevo hasta Chile, estos días lleve un ritmo muy rápido porque mi objetivo primordial era ahorrar el máximo de tiempo para la Patagonia y los últimos días en Buenos Aires, así que apreté el acelerador echándolo todo. De Uruguay me fui a Córdoba pasando la noche en el bus, y en Córdoba ni pase la noche, deje la mochila en la consigna de la terminal y me lance a ver la ciudad, una ciudad que no tiene mucho, así que en pocas horas se me agoto, y ¿entonces que hacer? estaba cansado y aburrido de la ciudad, y me quedaban bastantes horas hasta coger el autobús nocturno que me llevaría hasta Mendoza, pues al poco de darle vueltas al tema hallé la solución: irme al cine. Era barato, dos euros y pico por peli, tiene asientos cómodos y es entretenido, y hay palomitas!!… Así que perfecto, me trinque en plan sesión continua “El secreto de sus ojos”, muy muy buena, y la ultima de Almodovar “Los abrazos rotos”, que estuvo bien pero me repitió un poco. Salve la tarde. Y Mendoza tiene más que Córdoba pero tampoco tiene mucho, aunque si es verdad que es una ciudad muy agradable. Lo más destacable es que me aloje en un hostel donde daban vino gratis a los huéspedes, y además mazo de peleón, así que imaginaros, había un montón de mochileros borrachos superpasados, además el dueño era todo un personaje, fue divertido. Y de Mendoza, tome un bus que atravesando unos espectaculares Andes nevados me dejo en Valparaíso, la ciudad que más me ha gustado de esta última parte del viaje, y que junto a Quito, Antigua y Cuzco conformarían para mi el top de ciudades en el viaje americano, solo que Valparaíso no es colonial, su belleza es distinta.

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Valparaíso es una ciudad de trolebuses verdes en la que podría vivir y no me cansaría de pasearla. La ciudad se extiende sobre una serie de cerros que en forman de anfiteatro se asoman al Oceáno Pacífico rodeando la bahía y el puerto, esta ciudad tuvo un pasado glorioso debido a que fue parada obligada en la ruta interoceánica del Estrecho de Magallanes o del Cabo de Hornos, fue el principal puerto del hemisferio sur, pero cuando se abrió el Canal de Panamá entro en declive. Valparaiso tiene una arquitectura preciosa, durante el siglo XIX arribaron a la ciudad muchos emigrantes de Alemania, Inglaterra, Francia y Estados Unidos trayendo los estilos arquitectónicos en boga en sus respectivos países, haciendo de la ciudad un caleidoscopio de edificios variopintos al mezclarse con lo colonial y con su orografía de cerros. Valparaíso es una ciudad que se resbala desde sus cerros al mar, y cada cerro es diferente y cada uno de ellos tiene una trama enrevesada de arquitecturas y colores, casitas preciosas de antiguos comerciantes que vigilan la bahía, y cada uno de los cerros tiene antiguos y bonitos ascensores hechos de madera y dorados, algunos decimonónicos, que como funiculares conectan la parte baja de la ciudad con los cerros. En Valparaíso estuve un par de días pateando y pateando la ciudad, y no me canse, me hubiera gustado estar más tiempo y me encantaría volver.

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Y tras Valparaíso llegue a Santiago, Ultreia!!!, el Santiago de este Mi Gran Viaje. Y lo primero que hice no fue ir a abrazar al santo sino ir a buscar una lavandería, que falta me hacia. Y después me fui directito a ver otro lugar mítico en mi imaginario personal, el Palacio de la Moneda, la sede de la Presidencia de Chile, donde el presidente Salvador Allende murió el 11 de septiembre de 1973 acorralado por los militares comandados por el general Pinochet que estaban dando un golpe de estado para acabar con la democracia y el gobierno socialista elegido democráticamente. Poco antes de morir Allende lanzo su último mensaje a la nación chilena a través de una emisora de radio que aun no controlaban los golpistas… “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” (Para leer el mensaje entero: http://es.wikisource.org/wiki/%C3%9Altima_alocuci%C3%B3n_de_Salvador_Allende ). Aquel golpe de estado marco para siempre la historia de América Latina, es una lección histórica que no se puede olvidar, y Allende se convirtió en un símbolo para todo el mundo, muchos que hoy en día critican las dinámicas históricas de Cuba, Venezuela y Bolivia y sus respectivos procesos de transformación social deberían repasarse la historia de Allende y de aquel Chile que sucumbió al ejercito golpista apoyado y dirigido por el gobierno de Estados Unidos, comprenderían muchas cosas, por cierto una historia chilena que es casi un calco de la historia española: revolución democrática abortada por generales fascistas y larga dictadura de mano dura donde se eliminó física y literalmente a toda la oposición de izquierdas, se sabe que Pinochet se inspiro en la represión franquista para llevar a cabo la suya.

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El Presidente Salvador Allende (1908-1973)

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Palacio de la Moneda, Santiago de Chile

Y mientras hacia la foto al Palacio de la Moneda, la que esta justo encima, tuve uno de los encuentros mas especiales y mágicos del viaje, una chica se para en la calle y me dice -¿Eres Jesús?- y yo que me quedo a cuadros, porque no la conocía de nada, y resulta que me conocía del blog y encima era la hermana de una amiga de Madrid, de Carmen, muy fuerte, así que después de presentarnos y de flipar un rato, Belén, que así se llama, y yo nos fuimos a dar una vuelta por Santiago y como estaba aburridilla me hizo de guía para conocer la ciudad durante todo el día, estuvo guay, tuvimos muy buen rollo y muy buenas “conversaciones treintañeras”. Belén esta en Chile con la idea de encontrar trabajo y quedarse a vivir aquí, de momento, es antropóloga y ya estuvo durante un año en Chile con una beca estudiando y participando en un proyecto relacionado con el pueblo Mapuche, así que a ver si tiene suerte y consigue su objetivo, ¡suerte Belén!, ya me contaras. Pero es que además hubo otro encuentro curioso, y es que al día siguiente pensaba quedar con Cata y Rocío, a las cuales conocí en el tour de Uyuni, pero el caso es que después de pasar la mañana turisteando, donde ví la preciosa casa de Neruda, La Chascona, me comí una paila (consomé con mariscada) que estaba riquísima pero que me sentó fatal y tuve que volverme al hostel donde dormí tres horas del tirón!!, cuando me levante aun seguía debilucho y me fui a un ciber para decirles a Cata y Rocío que no podía quedar, pero resulta que me siento en un ordenador del ciber y Rocío estaba sentada al lado, muy fuerte, estaban preocupadas porque no llamaba y me habían estado buscando por los hostel del barrio donde les dije que estaba alojado, que majas!, de hecho Rocio me estaba escribiendo un mail… Al final cambiamos el plan de irnos de cervezas por el de tomarnos unos zumitos en la plaza enfrente del hostel, estuvo muy bien, un beso Cata y Rocío!!…

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Con Cata y Rocío (las del banco) en la bonita Plaza de la Libertad de Prensa

Y de Santiago puse rumbo al Finisterre de este viaje, a Ushuaia. Pero antes tenia que ir a ver el glaciar Perito Moreno, en Calafate, así que tome un autobús que tardo primero ocho horas de Santiago a Mendoza, otra vez en Argentina, y de Mendoza cogi otro bus que tras 43 HORAS!!! de autobús (record del viaje) me dejo en Río Gallegos, ya en la Patagonia, y desde allí otro autobús que tardo cinco horas en llegar a Calafate. Me tire tres días viviendo y durmiendo en autobuses hasta llegar a Calafate, tres días de películas americanas malas, sándwiches de queso y salami, tés con secos alfajores de dulce de leche, y tres días de atravesar la gran nada que supone la inmensa Pampa argentina patagónica. Hubiera sido más fácil llegar por aire, e incluso más barato, pero había que llegar por tierra y agotar la geografía. Y a parte de todo esto, dos recuerdos de este viaje pat-agónico: 1) Mi compañero de asiento era un viejete muy simpático que parecía uno de esos cuchilleros de los cuentos de Borges, no dejaba de manosear su móvil con unas manos de uñas kilométricas, y el móvil no dejaba de sonar, el tono decía con voz de tanguero: – Me han pedido que repita la historia de la paradoja que es la vida…- siempre se cortaba ahí, era el tiempo que tardaba el viejo en coger el móvil, así que nunca supe como terminaba la frase, tampoco se lo pregunte. 2) Había una mujer dos asientos más atrás, nunca me gire para ver su cara, que no paraba de repetir – A mi los autobuses me dan nauseas porque huelen a plástico-… Menudo viajecito, el último esfuerzo.

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Atravesando la nada

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Calafate esta entre montañas y al borde de un lago precioso, y es el lugar desde donde se visita el impresionante Glaciar Perito Moreno, otro hito esperado del viaje, y como en Iguazú, uno de esos lugares donde la naturaleza y el agua vuelven a ser los protagonistas, y donde vuelven a hacerte sentir pequeñito mostrando su grandiosidad. El Glaciar Perito Moreno es un brazo del Campo Hielo Patagónico Sur de cinco kilómetros de longitud y sesenta metros de altura que se precipita y desciende hacia el Lago Argentino a una velocidad de dos metros por día, lo que provoca continuos derrumbes de hielo sobre el lago que producen pequeños icebergs. Y yo tuve suerte porque el día que lo visite el cielo estaba parcialmente cubierto lo que da al hielo un precioso color azul, y seguí teniendo suerte porque puede ver varios espectaculares derrumbes de hielo del glaciar. Una de las maravillas del viaje, y del planeta, es de obligada visita.

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Vista del Glaciar Perito Moreno

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Y quedaba el último empujón, llegar a Ushuaia, y se resistió porque fueron días de intensas nevadas. Pero tras horas de autobuses y combinaciones algo forzadas que me llevo a Puerto Natales y Punta Arenas, otra vez en Chile, y atravesar el Estrecho de Magallanes para llegar a la isla de Tierra del Fuego conseguí llegar al final, a Ushuaia, la ciudad más al sur del mundo, el último objetivo de este viaje, el último punto en el mapa que alcanzar, y no defraudo, fue un perfecto final de viaje.

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Ushuaia

La ciudad de Ushuaia esta en la costa del Canal de Beagle y rodeada de preciosas montañas de nieves perpetuas. En Ushuaia conocí a mucha y buena gente, conocí a Mireia y Marc, y a Pau y Mónica, dos parejas catalanas y viajeros de larga duración con blog, como yo, son de mi estirpe mochilera, pase muy buenos momentos con ellos y una vez más, como me paso con Joao, me hicieron sentir menos bicho raro pero también menos especial (sus blogs son:  http://www.viatge365.blogspot.com/ y http://www.elpauilamonimarxen.blogspot.com/ . Y también conocí a Pablo y Darío, de Buenos Aires, con los que tuve muy buen rollo y buenas conversaciones de política y fútbol. Y Estuve tres noches en el fin del mundo. El primer día fue de tranqui y de reconocimiento, lo necesitaba después de tanta paliza y el segundo lo dedique a un tour en catamarán que recorría el Canal de Beagle y visitaba el “Falso Faro del Fin del Mundo” (Faro Les Eclaireurs), una colonia de lobos marinos y una pingüinera de pingüinos magallánicos. Estuvo guay el tour, fue el literal punto y final de trece meses de viaje, al menos geográficamente. El paisaje era espectacular y más tras la nevada de la noche anterior, hacia frio pero también solecito.

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Foto testimonial de fin de viaje, al fondo el Puerto de Ushuaia y las aguas del Canal Beagle

En el tour también iban Pablo, Darío, Marc y Mireia, y Pau y Mónica. Con Pablo y Darío hice la ida casi todo el  tiempo en cubierta, no olvidare nunca el buen rollo de estar tomando mate con ellos hablando de fútbol, sobre todo de Maradona, y disfrutando del paisaje de la Tierra del Fuego, y tampoco olvidare lo que le ocurrió a mi cámara de fotos, estando en cubierta y despues de echarles una foto a Darío y Pablo la cámara se me resbalo y cayo al suelo reventándose el objetivo, la pobre ha sufrido la infección masiva de virus de todos los países y pelajes, después sufrió la perdida y amputación del cable, más tarde se jodió el flash en el interior de la mina de Potosí, y por ultimo fue a morir en el camino al “Falso Faro del Fin del Mundo”. En el Finisterre del Camino de Santiago los peregrinos queman sus ropas en el Cabo justo en el momento en que el Sol se esconde en el Atlántico, en el Finisterre de este camino de manera fortuita he ofrecido el sacrificio de mi querida cámara que tan bien se ha portado durante todo el viaje, es como un sacrificio inconsciente de toda la memoria del viaje, para renacer hay que limpiarse y renovarse primero, quien no se consuela… Descanse en paz.

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La última foto de mi camara, justo después de echarla sucumbió. En la foto, a la izquierda Darío y a la derecha Pablo, vaya par de montoneros terroristas!!!

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“El Falso Faro del Fin del Mundo” o Faro Les Eclaireurs, en la Bahia de Ushuaia. Punto y final del itinerario del viaje. Evidentemente la foto no es mia, ni de mi camara.

Y desde Ushuaia cogí un avión junto a Marc y Mireia, que en tres horas!! y más barato!! (con lo que costo llegar!!) nos dejo en Buenos Aires, donde me encuentro ahora. Me quedan unos poquitos días antes de coger el vuelo a Madrid y de que el viaje se acabe, ya os contare… De momento os dejo porque tengo que ir a recoger la colada a la lavandería de canela. Ultreia!!.

NOTA: Intentare completar con más imagenes de mis compañeros de viaje esta entrada, sobre todo la última parte y la foto de Belén, Belén mandamela!!, o le digo a Carmen que me mande la que ella quiera. Y Cata y Rocio si teneis una foto buena de vosotras en Santiago mandarmela, las mias no son buenas.

Las mejores fotos del viaje

octubre 13, 2009

La idea de esta entrada es reunir gran parte de las mejores fotos de este “Mi gran viaje” que esta a punto de terminar. En esta selección no todas las fotos son mias ya que hay bastantes fotos de Roberta, mi compañera de viaje e infortunios. Tras el donoso escrutinio se me han quedado bastantes imágenes en el tintero pero de las que están ninguna de ellas sobra. Y además os he puesto musiquita, a Franco Battiato y su “Yo quiero verte danzar”, un video muy ochentero y divertido, donde queda claro que lo de Battiato no es bailar.  La propuesta de esta entrada seria que activaseis el video para escuchar la canción mientras veis las fotos, así aliñamos un poquito las imágenes recolectadas.

Y la elección de la canción de Franco Battiato no es casual, este viaje se planificó durante muchas tardes y horas de narguile (también llamada pipa de agua, cachimba, juka, shisa…), con solo tabaco eh!, y escuchando a Battiato en mi habitación de Madrid, horas que pase tomando notas de guías de viaje, blogs viajeros y libros, echando cálculos de dinero y fechas, y trazando posibles itinerarios en un gran mapamundi que coloque en una de las paredes de mi estancia… Mirando hacia atrás tengo claro que hay empezó realmente el viaje…

Espero que os guste y que os anime a “danzar”

 

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Un año viajando

septiembre 28, 2009

La Paz es caótica pero amigable, sobre todo por su gente, siempre tranquila y educada. La ciudad se encuentra en el fondo de una inmensa hondonada intentando así arañar un poco de oxigeno al altiplano boliviano, aun así esta a 3600 metros de altitud y esto se deja notar al subir sus empinadas calles. Toda la falda de esa gran hondonada esta repleta de grandes barriadas muy humildes que como en todas las grandes ciudades latinoamericanas se asoman al centro económico donde corre la plata. Estuve tres días en La paz: uno para escribir, otro para pasearla y el tercero para visitar los restos de la ciudad de Tiwanaku (1500 ac-1200 dc), la que fuera el centro de una importante cultura considerada por su antigüedad la madre de las civilizaciones americanas.

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Tiwanaku

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Y tras La Paz me fui a Sucre, la capital histórica de Bolivia. Sucre esta llena de arquitectura colonial blanca y descafeinada, y mi llegada coincidió con las marchas en honor a la virgen que son en el fondo un carnaval encubierto. En Sucre estuve casi de paso, no me hizo tilín, allí me aloje en una cómoda habitación con duchita caliente y TV con cable, y ej que durante este nuevo ciclo del viaje he decidido mimarme un poquito más tanto en alojamientos como en transportes, así que de aquí hasta el final levantare un poco el pie de acelerador de las pelas, que me lo he ganado después de tanta austeridad monacal-mochilera.

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Después de Sucre marche a Potosí, ciudad a más de 4000 metros de altitud y al pie del “Cerro Rico”, lugar mítico en el imaginario colectivo español, la gran mina de plata de la América colonial, y es que ya se sabe, ¡vale un Potosí!. Galeano en “Las venas abiertas de América Latina” cuenta que Potosí fue la “vena yugular del Virreinato, manantial de la plata de América, Potosí contaba con 120000 habitantes según el censo de 1573… La misma población que Londres y más habitantes que Sevilla, Madrid, Roma o Paris… A comienzos del siglo XVII, ya la ciudad contaba con treinta y seis iglesias espléndidamente ornamentadas, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Los salones, los teatros y los tablados para las fiestas lucían riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebrería; de los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata. Las sedas y los tejidos venían de Granada, Flandes y Calabria; los sombreros de París y Londres; los diamantes de Ceylán; las piedras preciosas de la India; las perlas de Panamá; las medias de Nápoles; los cristales de Venecia; las alfombras de Persia; los perfumes de Arabia y la porcelana de China. Las damas brillaban de pedrería, diamantes y rubíes y perlas, y los caballeros ostentaban finísimos paños bordados de Holanda. A la lidia de toros seguían los juegos de sortija y nunca faltaban los duelos al estilo medieval, lances del amor y del orgullo, con cascos de hierro empedrados de esmeraldas y de vistosos plumajes, sillas y estribos de filigranas de oro, espadas de Toledo y potros chilenos enjaezados a todo lujo”.

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El Cerro Rico, abajo la ciudad de Potosí.

Potosí alimento de plata el mercantilismo europeo, el germen del capitalismo actual, hasta que el siglo XVIII marco el final de “la economía de la plata que tuvo su centro en Potosí; sin embargo, en la época de la independencia, todavía la población del territorio que hoy comprende Bolivia era superior a la que habitaba lo que hoy es la Argentina. Siglo y medio después, la población boliviana es casi seis veces menor que la población argentina… Potosí tiene ahora tres veces menos habitantes que hace cuatro siglos”.

“Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro sólo dejo a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios”.

“En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: “La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene”… Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas”.

Para el viajero observador, y buen husmeador, Potosí aun guarda muchos tesoros en sus calles y fachadas, se advierte el fantasma de ese pasado glorioso y pujante. Calles llenas de historia bajo la mirada del Cerro Rico destripado y agujereado. A mi me gusto mucho Potosí por si misma y por lo que fue, es todo un museo viviente de la historia latinoamericana que merece ser visitado. A parte, en Potosí viví una de las experiencias más especiales de todo mi viaje, fue la visita que realice a las entrañas del Cerro Rico, a las míticas minas de plata de Potosí.

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Con Oscar en la entrada de la mina La Candelaria.

La visita a Cerro Rico la realice con una agencia y guiado por Oscar, minero de Cerro Rico, era el único turista aquel día así que la visite solo junto a Oscar. Para la visita me proporcionaron ropa, calzado y un casco de minero, con su luz y todo, y me hicieron firmar un papel en el que se quitaban de toda responsabilidad en caso de accidente, hay que decir que la visita a las minas de Potosí entraña bastante riesgo debido a que visitas minas que aun siguen en explotación por lo que puede haber accidentes por derrumbes o explosiones, y la verdad es que cierto, y bastante acojonante si lo piensas dos veces y estas dentro de la mina.

El día de la visita fue un domingo, así que no había nadie trabajando en la mina, cosa que quita vistosidad pero ganas en seguridad, la mina que visitamos fue La Candelaria. La visita comenzó en el mercado que se encuentra en pleno barrio minero y que por ser domingo estaba lleno de mineros tomando, la mayoría borrachísimos, Oscar me advirtió que debía desayunar fuerte para la visita y me enseño una típica tienda donde los mineros compran sus cosas para el trabajo, incluido los explosivos, de hecho Oscar me ofreció que si quería podía comprar algunos cartuchos de explosivos que podríamos hacer explotar, yo decline educadamente la invitación, también me mostró el alcohol que toman los mineros diariamente, alcohol puro, también me ofreció y también decline, él se reía, lo que si hice fue comprarme una bolsa de hojas de coca, quería probarlas y aprender a mascarlas, los mineros consumen gran cantidad de hojas de coca al cabo del día, es un estimulante que les ayuda en el trabajo, como nuestro café, mascarlas les ayuda a sobrellevar el duro esfuerzo y les quita el hambre, solo realizan un desayuno fuerte previo al trabajo y hasta el final de la jornada no vuelven a comer, además acentúa el efecto del alcohol que toman, la triste realidad es que la gran mayoría de mineros trabajan narcotizados completamente, y enciman cuando libran le siguen dando al tema, el alcoholismo es la  triste consecuencia fruto de las durisimas condiciones laborales que soportan estos trabajadores, este drama también se traslada a sus familias, el maltrato esta a la orden del día, así como el trabajo infantil, hay muchos niños  de 14 o 15 años arañando la poca plata que queda en las entrañas del Cerro Rico. La explotación de la mina se hace a través de una coperativa de la que participan todos los mineros, pero por lo que me han contado de coperativa solo tiene el nombre.

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Entrada a la mina La Candelaria

La visita duro unas cuantas horas, descendimos por estrechos túneles a distintos niveles de la mina, yo al final perdí la noción de si subíamos o bajábamos, y os tengo que reconocer que pase un poco de miedo, no es una experiencia recomendable para claustrofóbicos. Oscar me iba comentando todo lo relacionado con el trabajo en la mina y enseñándome las zonas de explotación así como los distintos minerales que nos encontrábamos, entre ellos amianto, altamente cancerigeno, y también había gran cantidad de aguas acidas por todos lados. Encontramos algunas vetas de plata y Oscar me regalo un par de pedacitos de ella. El ambiente era sofocante a ratos y frío a otros, te costaba mucho respirar, y habia mucho polvo, yo además por mi altura tenia que caminar todo el tiempo encogido, los túneles son estrechos y muy bajos, así que acabe agotado por la falta de oxigeno y por la sobrecarga muscular de caminar varias horas encogido. Pensad además que si a 4000 metros de altura el oxigeno falta imaginaros si además te metes en una mina. Las condiciones de seguridad son lamentables en la mina, hay gruesos cables de alta tensión colgando por todos los lados mientras el suelo esta encharcado en muchos tramos, además hay todo un caos de precarios travesaños de madera para sostener los túneles, de hecho hay muchos accidentes y muertos en la mina, yo le pregunte a Oscar y este me dijo que hasta la fecha había habido 40 muerto ese año, -¡40!- exclame yo, -sí, no son muchos, somos 5000 mineros en Potosí- me respondió riéndose un poco de mi reacción.

Algo curioso que me contó Oscar es que según las creencias de los mineros en la mina no entran ni dios, ni la virgen ni los santos. No están allá ni rigen dentro, no tienen poder en la mina, esto rompería con la omnipresencia y omnipotencia del supuesto creador. Para los mineros en la mina solo están la Pachamama (diosa prehispánica de la tierra) y el Tío de la Montaña (una encarnación del diablo). La Pachamama te protege y el Tío de la Montaña te da el mineral, si él quiere, o te quita la vida, si él quiere. Y según dicen, el acto de extraer mineral de la montaña es la fornicación metafórica entre la Pachamama y el Tío de la Montaña. Tienen un montón de distintos rituales dedicados a estas deidades, entre ellas sacrificar una llama con cuya sangre embadurnan la entrada a las minas y tirar el primer trago de alcohol puro a la tierra, como ofrenda a la Pachamama.

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El Tío de la Montaña representado en el interior de la mina La Candelaria

Y después de la inolvidable experiencia en las entrañas de Potosí me marche en una cafetera con ruedas, y por caminos de tierra entre parajes lunares, hasta la pequeña ciudad de Uyuni, ciudad que se encuentra en un rinconcito de Bolivia y en mitad de ninguna parte. Nada más llegar a Uyuni me fui rapido a ver su famoso cementerio de trenes, una vía de tren que acaba en mitad del desierto y en el que abandonaron un sinfín de locomotoras y vagones de otras épocas, es un lugar muy evocador. Yo fui a verlo al atardecer, andando y solo, y a la vuelta lo pase mal, se me hizo medio de noche, el cementerio esta en las afueras, así que volví en la penumbra y rodeado de bastantes perros callejeros que rondan por los arrabales, yo tengo miedo a los perros así que fue un momento bastante tenso para mi, decidí caminar dirección a la ciudad y mirar al suelo todo el tiempo, y no pensar en nada más, llegue atacao, pero no me atacaron por más que me ladraban…

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El cementerio de trenes de Uyuni

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Desde Uyuni cogí un tour de tres días hasta San Pedro de Atacama (Chile). Con un todo terreno recorrimos el Salar de Uyuni, el salar más grande del mundo, y también las lagunas altiplánicas bolivianas que hay entre el salar y San Pedro de Atacama. Y fue alucinante, de lo mejor del viaje, el Salar espectacular, cosa esperable, pero yo sobre todo alucine con los paisajes de mil colores de las lagunas altiplanicas, un paisaje desértico de volcanes, géisers, flamencos rosados y lagunas de colores a más de 4000 metros de altura, mágico, de otro mundo, solo faltaban los dinosaurios paseando. En el tour éramos siete más Octavio, nuestro guía-conductor-cocinero-y lo que hiciera falta, un tío muy majete aunque sordo como una tapia, le preguntabas cualquier cosa gritando y te respondía otra – ¡Octavio! ¡¿Esa montaña es un volcán?!- y él te respondia -¡faltan 10 minutos!- y todos nos descojonábamos, también tenia algo de maestro zen, siempre hablaba con pocas palabras y conciso, una vez nos dijo – Esa montaña se llama ???, y esa otra ???- entonces se giro y nos miro solemne, y levantando el dedo índice afirmo rotundo -Porque cada montaña tiene su nombre- mágico silencio y todos flipando. Además la convivencia con mis compañeros de viaje fue muy buena, fueron tres días estupendos. De lo mejor del viaje.

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El Salar de Uyuni

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Isla del pescado, en mitad del Salar de Uyuni. Con cactus milenarios que pueden alcanzar los diez metros de altura.

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El arbol de piedra

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La Laguna Colorada

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La Laguna Verde

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Los géisers

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Mis compañeros de tour, de izquierda a derecha: Felipe (Brasil), Cata (Chile), Andrey (Francia), Rocio (Chile) y las Anas (Polonia), agachado esta Octavio (Maestro Zen Boliviano).

La carretera que une la frontera boliviana con San Pedro de Atacama, en Chile, es algo más que una carretera, es el paso a otro mundo, a otra América, una América más rica y confortable, y para mí, en cierto modo, ha sido como el paso a Europa, Argentina y Chile son muy europeas y uno se siente como en casa. San Pedro de Atacama fue un lugar tonificante donde descanse durante un par de días, allí compartí habitación en el Hostel con “mis adolescentes chilenas favoritas”, con Rocío y Cata, ¡vaya pareja!, como había fiestas se iban de “carrete” y volvían a las tantas de la madrugadas “piripis” (vamos a decir eufemísticamente), así que me despertaban y me daban la murga. Me he reído mucho con ellas sobre todo cuando se reían de mi, son muy majas, ya hemos quedado para vernos en Santiago y que me lleven de cervezas.  Desde San Pedro también visite en tour el bonito Valle de la Luna, desde donde contemple un espectacular atardecer de tonos rojos y violetas sobre el desierto.

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Y de San Pedro de Atacama me pase a Argentina, patria del Ché, Borges, Cortazar y Maradona, habitantes insignes de mi imaginario personal, es un país que tenia muchas ganas de conocer, y en el cual ahora me encuentro. Así que salte en bus desde un lado a otro de los Andes dejando atrás “la espina dorsal sudamericana” que habia seguido desde Venezuela, el autobús atravesó una zona preciosa de cerros de colores y llegue hasta Salta, y desde allí me descolgué por el norte de Argentina hasta Asunción, capital de Paraguay, este viaje lo hice con Jesús, un puertorriqueño que conocí en Salta y que trabaja en Paraguay, es el primer Jesús negro que he conocido, venia de marcarse un viaje por tierra desde Caracas en solo tres semanas! . Y también durante este trayecto en autobús ví algo excepcional, algo de lo que había leído mucho pero que nunca había contemplado, ví “el rayo verde”, un fenomeno lumínico que ocurre raramente al atardecer y que tuve la suerte de ver desde la ventanilla de mi autobús.

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El rayo verde…

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Con luna y todo…

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Los Jesuses.

Asunción no tiene mucho que ver ni hacer, a parte de sorber un “terere” en un parque del centro y darle un paseo para satisfacer la curiosidad de conocerla. Solo estuve dos noches en Paraguay, fue solo una tapita del país, una noche en Asunción y la otra en Encarnación, a la cual llegue atravesando los llanos paisajes paraguayos llenos de grandes fincas ganaderas. La verdad es que me esperaba un país muy pobre, en las macrocifras Paraguay es el país más pobre de Sudamérica, aun así a mi no me pareció más pobre que Perú o Bolivia, e incluso la sensación que ví en sus calles y pueblos fue más positiva que en esos países. A veces confundimos el PIB con el bienestar, y no es lo mismo, véase India. En Encarnación visite por la mañana las ruinas de las misiones jesuíticas de Trinidad y Jesús, en esta visita conocí a José, un bombero de La Coruña muy viajado que esta recorriendo Bolivia y Paraguay, con el me tome unas birras con muy buena conversación antes de volver a Encarnación, y entre que si esta la pago yo y esta la pagas tu y tal y cual, y la falta de costumbre, pues yo me puse pedete, así que pase la frontera argentina digamos borracho, menos mal que aun no les ha dado por poner control de alcoholemia en las fronteras, si no no paso.

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Trinidad

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Jesús

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y José

Desde el lado Argentino, Posadas, tome un autobús hasta Puerto Iguazú, ciudad desde donde se visitan las famosas Cataratas de Iguazú, las cataratas más grandes del planeta y uno de esos lugares que siempre quise conocer. Un lugar espectacular, una pasada, es el sitio que conozco donde más se siente la fuerza y el poder la naturaleza, te hace sentir pequeñito pequeñito, -demasiado poderoso- decía una chica para si mientras las contemplaba. Además el entorno es precioso, las cataratas están en mitad de la selva, lo que le da más exhuberancia al gran espectáculo hipnótico de agua que son las Cataratas de Iguazú.

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Y de Iguazú a Buenos Aires tras veinte horas de carretera y paisajes pampeños llenos de fincas ganaderas, da gusto ver a las vacas tan sanotas y libres, no me extraña que luego estén tan ricas. Y aquí estoy, justo un año después de haber iniciado este enorme viaje, parece ayer cuando aquel 28 de septiembre del 2008  salía muy de mañana de casa de mis padres en Coslada con la idea de hacer un viaje sine die y hacia oriente, casi naa, aunque ahora le podríamos llamar de diferentes maneras, el viaje evolucionó de sine die a una vuelta al mundo, a una ruta transamericana, a tres meses en la India, a un Camino de Santiago planetario con sorpresa italiana, a un año viajando…

Yo siempre me había preguntado ¿que se siente después de viajar un año de manera ininterrumpida? y ya puedo responder a esa pregunta o al menos ya tengo mi respuesta. Mi estado actual se podría definir con tres palabras: contento, satisfecho y cansado. Contento por todo lo vivido y sentido; satisfecho al contemplar lo transitado y por haber hecho lo que tenia que hacer, por estar en el rumbo; y cansado porque nada es gratis y todo tiene su ciclo, y el ciclo de Mi GranViaje se está cerrando, mi cuerpo y mi mente me piden otras cosas, otros alimentos, y ya miran a la siguiente flecha amarilla, igual que antes del viaje miraban hacia oriente y sine die…

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Foto>Roberta

¡Machu Picchu!

septiembre 8, 2009

Como el viaje ya no era sine die decidí comprarme un reloj. Ritualice. Llevo todo el viaje sin reloj y el anterior se estropeo justo antes de partir. Para tan crucial compra elegí una ilustre relojería del centro de Quito, Relojería León, regentada por Don Marco Bolívar León, relojero profesional. De su coqueto y surtido escaparate elegí, por catorce dólares, un “Casio water resist” azul eléctrico de los de toda la vida, con cronometro y todo. Ya tengo tiempo.

Y con el tiempo prendido en la muñeca seguimos rumbo sur. Continuamos disfrutando del precioso paisaje andino de Ecuador, culebreando con nuestro autobús entre montañas y pasando junto a las faldas del impresionante Cotopaxi. Y llegamos a Riobamba, un lugar en donde ni siquiera deshicimos las mochilas. Aun así, Riobamba tiene un paseíto, de esos de los de café entre medias, y una catedral con una bonita portada, aunque lo más destacable de Riobamba es la imagen del majestuoso volcán Chimborazo asomándose a las calles de la ciudad. En Riobamba compramos los billetes para el famoso tren de la “Nariz del Diablo”, el llamado en su tiempo “el ferrocarril más difícil del mundo”, un tren que mediante un zigzag cavado en roca, y avanzando y retrocediendo, unía la costa ecuatoriana con Quito salvando la gran altura andina que separa los dos puntos. En la realización de esta enorme obra murieron en torno a 4000 esclavos negros de Ecuador y Jamaica, mano de obra forzada que casi no se menciona en ningún lado, y la guía del tren, pobrecita mía, llego a decir que murieron tantos por su culpa, porque no utilizaban los explosivos correctamente, que cada uno busque el calificativo más adecuado a esta afirmación. Estuvo bien el viajecito en tren, nosotros lo hicimos desde Alausí, es una auténtica “montaña rusa” andina entre preciosos paisajes. Yo me había currado un video de 19 minutos del recorrido del tren, pero de momento los virus de todos los pelajes que habitan en mi tarjeta no me dejan colgarlo, a ver si puedo en el futuro.

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La Nariz del Diablo.

Del tren de la “Nariz del Diablo”, de Alausí, continuamos hasta Cuenca, y la encontramos en fiestas, era la virgen de agosto, que nunca me acuerdo como se llama, y tuvimos la suerte de ver bailes regionales por las calles y la suelta de globos de papel en la noche que volaban con la llama de una pequeña candela en su interior, era precioso ver como ascendían y se alejaban cubriendo el cielo estrellado con sus caprichosas constelaciones de colores, aunque de vez en cuando te caia alguna que otra gota de cera caliente, precioso. En Cuenca también vimos nuestras primeras ruinas incas, dimos nuestros paseítos de rigor, comimos en un suculento vegetariano, y no recuerdo más a parte de los mármoles azules de las cúpulas de su catedral. Y de Cuenca partimos hacia el Perú, y el viaje no fue baladí, ocurrieron cosas, y cosas bastante extrañas. Para empezar nos pusieron la peli de Cobra en el autobús, y de repente en mitad de una de las matanzas de Estallone, de esas en las que no se quita las gafas de espejo ni el palillo de la boca, paran el bus y suben dos personas muy aceleradas y atacadas, eran dos taxistas que buscaban al responsable del atraco a un compañero en esa misma carretera hacia solo unos minutos, fue un momento de mucha tensión, después de rastrear entre el pasaje no encontraron al caco, y siguieron su búsqueda, el caso es que al rato, aun duraba la matanza “del Silvestre” en la pantalla, una pasajera, una chiquilla que viajaba con su bebé, empieza a dar gritos y alaridos, yo pensaba que le había pasado algo al niño, pero no, era a ella, se le habían quedado paralizados los dos brazos, y estaban rígidos y como girados, me recordaba a los enfermos de poleo, estaba muy asustada y nerviosa, se monto un revuelo tremendo y después de dirimir con la concurrencia se determino que se llamara a una ambulancia, pero estábamos en mitad de la nada, así que se pensó en llevarla al hospital más cercano, y que su cuñada, que viajaba con ella, se bajara y la acompañara, pero ellas no querían, por lo visto la enferma era inmigrante ilegal, era peruana, hicimos lo posible por convencerlas de que era grave pero no querían, tenían miedo. Al final tumbamos a la chiquilla para que estuviera más cómoda y la Roberta se ocupo del bebé, la cuñada de repente se desentendió de todo el tema, todo muy raro, yo seguí insistiendo para que fueran a un hospital pero nada, y el conductor pasaba de todo, una película tremenda. El caso es que después de un buen rato se le paso la parálisis, todos nos tranquilizamos un poco y seguimos viaje. Yo me estrese bastante por el hecho de que no querían bajar a que la atendieran a pesar de que ya se le hubieran pasado los síntomas. Menudo viajecito, al menos quitaron la peli de Cobra.

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Joder! tiene el palillo hasta en la portada, la cantidad de mierda que hemos visto de pequeños.

El paso de Ecuador a Perú se nota y mucho, el paisaje cambia radicalmente, siguen siendo los Andes pero desérticos, así que de golpe dejamos atrás el verdor ecuatoriano y nos adentramos en el árido Perú. La primera parada en Perú la hicimos en Trujillo, que nos gusto mucho. Esta en mitad del desierto, entre los Andes y el Pacífico, tiene un aire árabe por las construcciones, los colores y la luz, y una bonita plaza principal muy restaurada. Pero lo que más me gusto es el ambiente de las calles al anochecer, se llenan de gente paseando de aquí para allá, con muchas ganas de disfrutar el final del día, esto es algo que me ha gustado mucho del Perú, la alegría en la calle al atardecer, me conecto un poco con España. Desde Trujillo visitamos en un tour la Huaca del Dragón y las ruinas de la ciudad de Chan Chan (1300 AC), es la ciudad de adobe más grande del mundo, un paisaje espectacular de adobe derrumbado al borde del Pacífico, los dos lugares pertenecieron a la cultura Chimu, cultura pre-inca. También en Trujillo empezamos a disfrutar de la variada y rica gastronomía peruana, incluyendo la comida chifa, excepcional caso de simbiosis de comida china y criolla. La variedad peruana fue un alivio después del sota, caballo y rey que traíamos desde Centroamérica, es decir: arroz, frijoles y pollo.

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Chan Chan.

En Trujillo nos cogimos un bus de lujo que nos llevo por preciosos paisajes desérticos al borde del Pacífico hasta Lima, en ocasiones la carretera era una línea entre enormes dunas empinadísimas que caían al océano, un espectáculo. En Lima estuvimos de paso ya que teníamos que irnos camino de Machu Picchu, habíamos reservado los billetes de tren hacia un mes y no quedaba otra, así que paramos un día en Lima y nos fuimos a Cuzco, también llamada Cusco, la mítica capital inca y del virreinato español del Perú, el ombligo del mundo para los incas. Una ciudad preciosa construida sobre las piedras de la antigua urbe inca, ruinas y herméticos muros incas coronados por solemnes iglesias católicas. Quizás, junto con Antigua, en Guatemala, y con Quito, Cuzco es de las ciudades más bonitas que he visitado en el viaje americano. Pero Cusco tiene una trampa, una maldición inca, la altura, está a 3400 metros de altura, lo que supone un “soroche” (mal de altura) asegurado, y más viniendo en un día desde Lima que esta a nivel del mar, nosotros tuvimos un poco, no demasiado, pero lo suficiente para estar cansadillos, embotados mentalmente y dormir mal, es lo que hay. En Cusco estuvimos un par de noches sobrellevando el mal de altura y ratoneando despacito la ciudad, nos gusto mucho.

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Plaza de Armas, Cuzco. Foto>Roberta

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Calles de Cuzco, el muro de la izquierda es inca. Foto>Roberta.

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Foto>Roberta

Desde Cusco marchamos en un autobús local atravesando el Valle Sagrado inca hasta el pueblo de Ollantaytambo, enclavado entre montañas y al pie de la mítica ciudadela donde los incas, guiados por Manco Inca, derrotaron por primera vez a los españoles. En Ollantaytambo teníamos que coger el tren a Machu Picchu a la mañana siguiente, y de paso nos alivió un poco el mal de altura porque está un poco más bajo que Cuzco, pero se nos presento otro problema, y es que “a perro flaco todo son pulgas”, y es que se nos ocurrió hacer una cena de sándwiches en el hotel, muy típico nuestro, y para ello compramos un rico queso fresco en un puesto del mercado, de esos con suero y todo, ya nos vale! en que estaríamos pensando, exceso de confianza quizás. El caso es que nuestra amiga la diarrea volvió a visitarnos, y encima en la mañana que íbamos a visitar Machu Picchu. Nos teníamos que levantar a las 4.30 de la mañana para ir a coger el tren y justo recién levantado atacó la bicha, yo fuí el primer afectado, maldita sea!, no tenía diarrea desde Guatemala y me tenía que dar justo ese crucial día del viaje, afortunadamente era leve y pude seguir, pero me dejo debilucho. A Roberta le atacó a la vuelta de Machu Picchu y le dió más fuerte, le duro dos días, lo paso mal la pobrecilla.

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Muro interno de la ciudadela de Ollantaytambo, impresionante el trabajo y el encaje de la piedra.

En el tren conocimos a cuatro chicas vascas que habían estado haciendo un voluntariado en el interior del Perú, en seguida hicimos buenas migas y a mí me sirvieron también para olvidarme de la diarrea en ciernes. Estaban, al igual que nosotros, emocionadas con el hecho de conocer el mítico Machu Picchu, este lugar tiene algo de especial y mágico que atrae a todo el mundo, un poco como las pirámides de Egipto. Así que  en buena compañía y con muy buena conversación, nos contaron muchas cosas interesantes de su voluntariado, nos fuimos tod@ junt@s de la mano a visitar la maravilla que es Machu Picchu.

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En el tren a Machu Picchu, con nuestros gorros andinos recien comprados, a mi se me nota en la cara la diarrea. Foto>Isabel

Machu Picchu era uno de los lugares estrella de este viaje, quizás el que más deseaba conocer, y no me defraudo, es espectacular, una auténtica maravilla escondida en mitad de los Andes, y luego esta lo que no suele salir en las fotos, el entorno, el entorno increíble de montañas enormes y preciosas alrededor de la mítica ciudad. Nosotros nos dedicamos a patearla y a contemplarla desde distintos ángulos, hicimos muchas fotos y de vez en cuando nos quedábamos embelesados y en silencio contemplando la ciudad que tanto rondo nuestra imaginación en el pasado y que ahora teníamos delante, y en bajito te repetías – ¡Machu Picchu!-, un lujo de día, y de compañía, estuvimos muy a gusto con Igone, Isabel, Leire e Itsaso, muy buen rollo, encima nos hizo muy buen tiempo, tanto que tod@s acabamos quemados por el Sol, pero encantaos, ni te importaba. Hicimos una comida de extranjis, esta prohibido, contemplando las maravillosas vistas, y para terminar, y siguiendo a Itsaso, hicimos todos juntos “el saludo a la tierra”, unas asanas de yoga, que fue el perfecto final a la visita más esperada. Porque para esto viajamos, por lo menos yo, para conocer lugares como Machu Picchu, lugares que ya habitaban en nuestra imaginación y que necesitamos conocer, y para conocer lugares que ni por asomo nos podíamos imaginar, por ejemplo: Bagan, en Myanmar, o Angkor, en Camboya, o Teotihuacan, en México DF, o los Annapurnas y el desierto de Kali Gandaki en el corazón de los Himalayas…

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Foto>Roberta

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Las feminas al completo, de izquierda a derecha: Roberta, Isabel, Leire, Igone (delante) e Itsaso (detras).

Munduz Mundu!! (a través del mundo!). Leire es profesora de una Ikastola (centro escolar donde se imparten las clases en vasco) en Iruña (Pamplona), anualmente se hace una fiesta entre todas las ikastolas de Iruña, el Nafarroa Oinez, una celebración de la lengua vasca a través del mundo pero con una identidad propia, y este año le ha tocado a la ikastola de Leire (Ikastola Paz de Ziganda), y se les ha ocurrido, entre otras cosas, que los profesores se hicieran fotos con el lema de este año en un cartel, Munduz Mundu!, allá donde se fueran de vacaciones. Y aquí va el granito de arena de Mi Gran Viaje a esa celebración, Nafarroa Oinez Munduz Mundu!!!.

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Y todos al completo, después de la comida y antes del saludo a la tierra, ya estabamos coloraos eh!.

Después del éxtasis de Machu Picchu y de despedirnos de nuestras compañeras machupicheras tornamos a Ollantaytambo, donde Roberta sucumbió a la diarrea. Pero afortunadamente al día siguiente estaba mejor y pudimos seguir con el plan previsto, el cual era recorrer varios yacimientos incas del Valle Sagrado con las mochilas al hombro para acabar durmiendo de nuevo en Cuzco. Fue otro día intenso y lleno de sorpresas, primero empezamos por la ciudadela de Ollantaytambo, de la que ya os he hablado, y luego enlazando buses locales vimos Moray y Chinchero, y de regalo inesperado tuvimos la visita a los salares de Moray.

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Un servidor en la ciudadela de Ollantaytambo, algo cansado, mucho sol y poco gorro, o poco gorro y mucha cabeza.

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Moray.

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Salar de Moray.

Y al día siguiente desde Cuzco visitamos, también en bus local, el maravilloso yacimiento de Pisac, toda una sorpresa, es un conjunto de ruinas y caminos incas encaramados a una bonita montaña desde donde se ve un precioso paisaje, recorrerlo supone cerca de unas dos horas y merece la pena, a mi me encantaron los caminos incas, de hecho ya me he prometido a mi mismo que haré en el futuro un buen trekking por el Valle Sagrado, sea el Camino Inca (Capac Ñan) o no. Por cierto que Roberta al volver a Cuzco tuvo como una especie de revelación-fijación gastronómica, quizás efecto rebote de la diarrea,  y redescubrió el pollo asado, se tiro como tres días apasionada por los cuartos de pollo asado, casi lo exaltaba, y yo, pobre de mí, me vi arrastrado irremediablemente.

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Parte del yacimiento de Pisac.

De Cuzco nos fuimos a Arequipa, saliendo así de la altura andina, allá estuvimos un par de días muy de tranqui y ya pensando en la vuelta a Lima. Lo más destacable de Arequipa es el Monasterio de Sta Catalina, un enorme monasterio donde las hijas de las familias ricas de la ciudad se entregaban a la comunión con cristo después de pagar una gran dote en monedas de plata, eso si en apartamentitos individuales y con sirvientas eh!, que te vas tú a creer, debió ser un lugar curioso y lleno de intrigas e historias, como dijo un obispo al visitar el monasterio – ¡Esto es un Babel de mujeres!-.

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El monasterio esta muy restaurado y enfocado al turismo, pero pasamos allí una buena mañana y nos inflamos a echar fotos.

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Foto>Roberta

Y de Arequipa de vuelta a Lima, para ver lo que nos dejamos sin ver, es decir: un par de museos y un par de barrios, y para despedir a Roberta, sí, mi romana se me fue desde Lima hace ya unos días, se volvió a Roma y después marchara a Atenas, a la boda de la sua sorella, Auguri Gulia e Georgos!. Así que fueron días de despedida. Parece ayer cuando apareció en el aeropuerto de Cancún dispuesta a aguantarme durante tres meses. Así que eso, solito que me he quedado de nuevo. Pero sin dramas eh! que tampoco queda mucho para que volvamos a reencontrarnos. Ciao Romana!, hasta luego!

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Plaza de Armas, Lima.

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Semaforo y palomas de Lima.

De la ruidosa y caótica Lima, ciudad que no me gusto mucho, me marche en un sprint busero hasta Puno, a 3800 metros de altura y a orillas del Lago Titicaca, y donde volvió a asaltarme el mal de altura, y desde Puno cruce la frontera y me pase a Bolivia, a Copacabana, también a las orillas del  precioso e intensamente azul Titicaca, allí pensaba quedarme unos días y escribir esta entrada del blog, pero el mal de altura y una serie de factores, entre ellos porque me dio la gana, me vine para La paz, atravesando el altiplano boliviano y El Alto, lugar muy entrañable y especial para mí. Y aquí estoy, sigo con un poco de mal de altura, ya menos, algo cansado de tanto bus desde Lima, y algo despistado con el hecho de volver a viajar de nuevo solo, estoy en pleno duelo y en plena elaboración del nuevo “software viajero” para lo que me queda, para la última parte de Mi Gran Viaje, apenas siete semanas y muchos lugares que recorrer: Sucre, Potosí, Salar de Uyuni, San Pedro de Atacama, en Chile, norte de Argentina, Paraguay, Asunción, Iguazú… y más. Hasta pronto. Ultreia!

(Para una información más detallada sobre transportes, alojamientos, fronteras, gastos y demás consultar la entrada Datos Prácticos del Viaje IV, julio 09)

Zapatistas y Benedettis

agosto 23, 2009

La historia de América Latina esta repleta de Zapatistas y Benedettis. De hombres y mujeres de acción en busca de la mejora de las condiciones de vida de los pueblos americanos, y de mujeres y hombres de las artes que alientan y nutren esa acción… son los Ché, los Víctor Jara, los Sandinistas, los Cortazar, los Allende, los Galeano, los Silvio, los Fidel y los que están por venir… Gracias al trabajo y sacrificio de todos ellos en el continente americano esta floreciendo un nuevo futuro. Unos y otros se retroalimentan mutuamente, y unos y otros son indispensables. Y no solo para América Latina, sino para todos los pueblos del mundo.

Esta entrada va dedicada a todos ellos, pero centrándome en uno de cada ellos: en los Zapatistas y en Mario Benedetti.

En los Zapatistas porque me impacto mucho la visita al Caracol de Oventic, aun los tengo muy presentes. En esta entrada he recogido fotos que no puse en su día y que realice a los murales de las paredes de Oventic. Acompañando a las fotos he puesto parte del texto del Manifiesto Náhualt, manifiesto de los zapatistas dirigido a los pueblos y gobiernos del mundo, y del universo.

Y a Mario Benedetti porque hace poquito que nos dejo, falleció el pasado 17 de mayo, yo andaba por tierras mexicanas. Una gran perdida. Benedetti mantuvo la llama del cambio durante la larga noche, cuando no había esperanza y nadie tenía nada claro. Muchos hemos disfrutado de sus maravillosos cuentos y poemas, textos que siempre te dejaban un mensajito o una duda, o un pellizquito en el alma por los que ya no están y lo dieron todo… Yo además tengo una relación especial con Benedetti, concretamente con uno de sus poemas, No te salves, de unos años a esta parte siempre lo tengo en un lugar visible de mi casa, cuando tenia casa, para que me ayude a recordar lo que no debo olvidar. Y ahora lo dejo aquí como pequeño homenaje al gran Mario Benedetti.

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Manifiesto Náhualt

Al pueblo de México:
A los pueblos y gobiernos del mundo:

Hermanos:
No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.  

Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.

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Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.

Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.

Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.

Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.

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Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.

Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.

Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.

Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

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Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.

Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.

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Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. Muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia… La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de seres humanos.

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Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra.
Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

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Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.

Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.

Subcomandante Insurgente Marcos.
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

EZLN[1]

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Mario_Benedetti

Mario Benedetti

 

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

 

El caminante del mundo en la mitad del mundo

agosto 12, 2009

Para despedirnos de Nuria, “la peregrina que camina entre lobos”, hicimos una cenita suculenta en su preciosa casa y junto a sus compañeros de piso, Ella y Juan Guillermo. Una casa muy inquietante por cierto, donde las fuerzas del mal y del bien luchan rozándose y silenciosamente… En la cena hubo pasta de Roberta, como no, y riquísima, como no, crema de verduras de Nuria, también rica eh!, y yo deleité con un sofisticado cóctel de kalimocho bien fresquito que hizo las delicias de la concurrencia no ibérica, el brebaje malasañero hizo aflorar las hormonas de las féminas de la cena tras ponerlas piripis, cuando esto ocurre es mejor observar en distancia, como hicimos Juan Guillermo y yo.

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De izquierda a derecha: una amiga de la casa, Juan Guillermo, Roberta, Ella y Nuria.

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Después de la cena y la euforia kalimochera.

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En plena euforia kalimochera y de exhaltación de la feminidad. Casi rompen la hamaca.

Adiós Candelaria, adiós Bogotá. ¡Buen camino Nuria!…

La cena fue una perfecta despedida de Bogotá, una ciudad que nos ha gustado mucho y que sirvió de reposo tras tanto vaivén desde Centroamérica, aunque sabemos que solo hemos conocido el lado amable de la ciudad, sabemos que hay otra ciudad llena de infravivienda y pobreza que se encarama a los cerros circundantes, como en todas las capitales americanas que llevamos visitadas, son barrios que no nos atrevemos a visitar sin cicerone para no salir trasquilados, pero que son la verdadera realidad cuantitativa americana, la que mira desde los cerros la ciudad bonita y baja a visitarla ante la mirada temerosa de los blanquitos de espíritu, el miedo al pobre esta en el aire, y tod@s lo respiramos con una bocanada de nausea que nos jode el alma lentamente.

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De Bogotá salimos despacito, combatiendo la pereza de la comodidad, el objetivo era encontrar un lugar pequeño entre montañas donde seguir con la cura de tranquilidad y descanso. Tras consultarlo con Ella y Juan Guillermo decidimos que iríamos a Armenia, en el corazón del eje cafetero colombiano… Así que después de ocho horitas de buseta arribamos a Armenia, buscamos hotel, era ya de noche, y de camino atravesamos los gases lacrimógenos que lanzaba la policía contra las aficiones de un partido de futbol que había acabado muy mal, así que todavía con el picor en la garganta llegamos a un hotel, no recuerdo el nombre, le preguntamos por una habitación y nos dio un precio que superaba nuestro presupuesto, le dijimos nuestro máximo, y la recepcionista nos dijo -por ese dinero les mando aquí- señalando el cartel publicitario de un hotel que tenía a su espalda, “HOTEL EL EDÉN TROPICAL”, el cartel tenia fotos de unas idílicas habitaciones que nos hizo salivar y aflojar los músculos a la vez, -esta muy cerca de aquí, en un pueblito, en La Tebaida- nos dijo, -¡¿como se llega allí?! respondimos con las pupilas dilatadas y tras saborear el nombre del pueblo… Y allá que nos fuimos. Pero no iba a ser tan fácil llegar, porque La Tebaida esta lleno de lugares que se llaman El Edén, el conductor del autobus nos dejo en mitad de la nada frente a una urbanización llamada El Edén, de allí nos indicaron a un hotel que se llama El Edén pero que no es tropical, y finalmente unas mujeres que salían del trabajo nos acercaron en su Renault 4 al verdadero Edén, pasando antes por un aeropuerto también llamado El Edén. No es fácil encontrar el paraíso. Por cierto, el hotel de Bogotá se llamaba El Dorado, todo encaja.

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Buscábamos un lugar excepcional y acabamos en un lugar cualquiera, en La Tebaida, eso si, un lugar real, la Colombia real, y nos gusto. Además las fotos no nos engañaron, el hotelillo donde recalamos estaba muy bien, tenía una ducha con un potente chorro de agua caliente, y había tele por cable y todo. En La Tebaida completamos la cura de relax y fue un excelente punto desde donde visitar la zona. La Tebaida no tiene nada monumental, todo fue arrasado por el terremoto de 1999, tras aquello las casas son de un piso y las iglesias auténticos bunkers con torres menudas. Durante los días que pasamos en La Tebaida visitamos Armenia, a donde íbamos de paseo y a comer helados de salpicón (tutifruti), y Salento, un precioso pueblo entre montañas, era lo que más se parecía a lo que buscábamos en un principio, pero es de mentirijillas, preferimos nuestro auténtico Edén de Tebaida. Y también visitamos un bonito jardín botánico con un mariposario que nos encanto, también tenía un observatorio de aves y un robotario-insectario. Ah! durante esos días me dio un ataque fuerte de rinitis que me dejo abatido, y también comprobé definitivamente la inbatibilidad de Roberta jugando al chinchón, he creado un monstruo.

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Salento.

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Más Salento. Foto-Roberta

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En el mariposario. Mariposas buho. Foto-Roberta

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Foto-Roberta

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Y del Edén Tropical de Tebaida nos fuimos a Popayán, “la ciudad blanca de Colombia”, era una perfecta escala camino de la frontera ecuatoriana, y un bonito pueblo donde celebramos el cumpleaños de Roberta, sí sí, la Roberta cumplía años el 7 de agosto, así que a parte de disfrutar de los paseos por la blanca ciudad de Popayán hubo tiempo para soplar las velas…

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El pastel estaba incomible, en teoría era una tarta de frutas pero en el paladar era un cartón intragable, le dimos dos cucharazos y visto el gusto decidimos pedirle un recipiente a la camarera para llevarnos la tarta a casa, no llego a casa. La hemos otorgado el titulo de “peor comida de todo el viaje”. Que se le va a hacer, eso si, nos reímos un rato y Roberta pudo pedir su deseo.

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La cumpleañera posando para la ocasión.

Y de Popayán a la frontera ecuatoriana tras muchas horas de autobús. Cruzamos la frontera y decidimos dormir en Tulcán ya que si continuábamos hasta Quito llegaríamos muy de noche y no era plan. De Tulcán solo recuerdo que cenamos en un chino. A la mañana siguiente continuamos hasta Quito, traspasando la línea del Ecuador, y entre unos paisajes andinos preciosos, se noto el cambio geográfico y humano, entrabamos en el antiguo mundo inca, y lo indígena nuevamente aparecía en nuestro viaje, un gustazo. Los valles andinos ecuatorianos son muy bellos, son suaves, de tonos pardos y coronados por impresionantes volcanes nevados. Así que llegamos a Quito con la nariz pegada al cristal del autobús.

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Quito es la ciudad con mayor riqueza monumental que he encontrado hasta ahora en mi viaje americano, tiene una zona histórica enorme y repleta de bellos edificios, iglesias y plazas. Es una ciudad que te ofrece mucho. Nuestra llegada coincidió con la víspera de la fiesta nacional ecuatoriana, el 10 de agosto, día de la independencia, este año se cumplen 200 años de aquello. De hecho América entera esta celebrando o preparándose para celebrar el bicentenario de la independencia de España. Nosotros, como os decía, llegamos la víspera, la que llaman aquí “velada libertaria”, es una noche especial en la que Quito se llena de actividades culturales y fiesta, asi que aprovechamos y nos unimos a la celebración, fuimos al teatro y al cine, todo ello gratis, y no seguimos hasta más tarde porque estábamos cansadillos, muy buen ambiente.

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Foto-Roberta

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Estas niñas se dedican a limpiar zapatos por las calles de Quito, pero ahora estan descansando mientras se comen un helado. Una estampa lamentablemente muy habitual en América Latina.

A parte del paseo y del vagabundeo por la ciudad un día nos animamos a subir al famoso teleférico de Quito. Sube hasta una cumbre cercana, y la vista desde allá arriba era espectacular, se veía la enormidad de Quito alargándose por el valle y trepando por los cerros cercanos, y más atrás las montañas andinas, y los volcanes nevados: el Cayambe, el Antisana y el espectacular Cotopaxi, todos ellos por encima de los 5700m de altura. Hacia mucho frio allá arriba, asi que bajamos raudos y veloces y nos fuimos a tomar un canelazo calentito a la bonita zona de La Ronda, esta bebida nos tiene enganchados desde Bogotá, es un brebaje caliente compuesto por aguardiente, canela y más especies que te deja el cuerpo arreglado en segundos.

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Abajo Quito, al fondo el Cotopaxi

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El Cotopaxi.

El otro día, paseando las calles del Quito antiguo me adentre en la tienda de una curandera, estaba llena de plantas medicinales y mil cachivaches, ella, la curandera, me miraba sonriente mientras hacia equilibrios recostada entre dos sillas, era vieja y tenia la dentadura bastante incompleta, -siéntese- me dijo, -no gracias, prefiero estar de pie- le respondí, -¿¡no esta cansado!?- me respondió entre carcajadas dejándome ver mejor su boca mellada, yo flipaba, no entendia, y al momento mi atención se centro en la pequeña televisión que ella estaba viendo, -es la toma de posesión del Presidente Correa- comento. A pocos metros de donde estábamos se estaba celebrando la cumbre de Unasur, reunía a casi todos los presidentes sudamericanos, una cumbre donde el asunto protagonista era la instalación de las bases de EEUU en Colombia, toda una amenaza para la región, a Obama se le empieza a ver el plumero. Recuerdo que el político que hablaba en ese momento empezó a citar un texto de  Galeano en donde hablaba del concepto de utopía y de como esta nos ayuda a caminar. Yo seguía de pie en la tienda y miraba absorto. De repente la vieja mellada me dijo – ¿es usted caminante del mundo?-, yo me quede mirándola y flipando, la sonreí y la respondí – algo así-, – y esta cansado, ¿verdad?- me dijo, -si, algo- volví a responder mientras seguía sonriéndola. En ese momento comenzó a meterme una perolata de que si la vida es tal y cual y pascual, y dejo de interesarme, la corte como pude y salí de la tienda. Ha sido uno de esos encuentros mágicos del viaje, del camino. Y sí, como os decía en entradas anteriores, ya ando cansadillo de dar tantos tumbos por esos mundos de diox, aunque también tengo muchas ganas de disfrutar de lo que me queda de viaje. Contradictorio pero muy lógico. Y como os conté en entradas anteriores el viaje ya no es sine die, y ahora lo es aun menos, ya he comprado el billete de vuelta a Madrid, el 24 de octubre saldré de Buenos Aires rumbo a casa. Llego un domingo, ya le he dicho a mi madre que me haga cocido. El futuro inmediato se ha concretado, la siguiente flecha amarilla esta a la vista. Debido a una serie de factores, y al hecho de que con los estragos de la gripe en Argentina los vuelos están muy baratos, y después de mucho meditar, me he lanzado a comprar el billete de vuelta, y poner fecha final a este Mi Gran Viaje. Ya me esta dando pena.

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Foto-Roberta

Y siguiendo con el viaje, ayer estuvimos en “la mitad del mundo”. Para llegar a “la mitad del mundo” hay que coger los autobuses Transhemisféricos, no es coña, se cogen en el norte de Quito y hay que llegar hasta el final de la línea. Durante este viaje fantástico el ayudante del conductor se asoma de vez en cuando y grita -¡¡a la mitad del mundo!!-, mola. El pasaje del autobús a “la mitad del mundo” no tiene nada de extraordinario, la mayoría son habitantes de Quito metidos en sus quehaceres cotidianos, de hecho ellos no van a “la mitad del mundo”, se quedan por el camino. Nosotros si que llegamos. Llegamos y fuimos rápidamente a hacernos fotos haciendo el tonto sobre la línea del Ecuador, que esta pintada en el monumento de “la mitad del mundo” que es como se llama acá a la línea del Ecuador.  Y resulta que “la mitad del mundo” esta rodeada de montes pelados y tiene una plaza de toros, y dos campos de futbol, ¿quien se lo iba a imaginar?, aunque bien pensado ¿por que no?, al fin y al cabo la mitad del mundo es un lugar cualquiera. Aunque a lo mejor no tan cualquiera, por lo visto la tribu de los Quitus, pre-incas, determinaron también aquí “la mitad del mundo”, mucho antes que la expedición francesa que en 1736 pinto la línea imaginaria del Ecuador en estos lares, los Quitus rendían culto al Inty-Ñam o Camino del Sol. Nosotros después de aburrirnos de hacer el tonto en la línea del Ecuador nos compramos unos helados y nos volvimos a Quito, en los Transhemisféricos, por supuesto.

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El caminante del mundo en la mitad del mundo. Foto-Roberta

Y hoy es nuestro último día en Quito. Roberta esta deambulando sola por la ciudad y dibujando iglesias, y yo me estoy dedicando a darle caña a la palabra y a las teclas. Mañana volveremos a coger rumbo sur por la carretera Panamericana, la cual no debéis imaginar como una flamante autopista sino como una mala carretera secundaria española, en el mejor de los casos. Hasta pronto.

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Foto-Roberta

(Para una información más detallada sobre transportes, alojamientos, fronteras, gastos y demás consultar la entrada Datos Prácticos del Viaje IV, julio 09)

De Caracas a Bogotá

julio 30, 2009

Venezuela no ha sido país para estos mochileros ¿que por qué? porque nos convertimos en daños colaterales de la política monetaria del gobierno Chávez, me explico: En Venezuela existen dos tipos de cambio, “el cambio oficial” y “el cambio del mercado negro”, el cambio oficial, el que marca artificialmente el estado, da un cambio de un euro por 2800 bolívares, y el cambio del mercado negro, el de la calle, y más cercano a la realidad monetaria internacional, da un cambio de un euro por 7500 bolívares!!, demencial. El problema es que estos desgastados mochileros han llegado al país del socialismo del s.XXI sin dólares ni euros en metálico, ya que no sabíamos nada de esto, ni lo podíamos imaginar, por lo que no nos quedó más remedio que sacar dinero de los cajeros a precio oficial, esto supuso que para nosotros Venezuela fuera como estar en Europa a nivel de precios, y a veces más caro, por lo que hemos gastado el doble de lo acostumbrado y hemos estado en el país la mitad de lo pensado. Supongo que esta política tendrá motivaciones macroeconómicas de peso, pero a nosotros nos ha jodido de lleno y nos hemos sentido engañados, ya que encima no hay reciprocidad, es decir, los bancos te venden bolívares a precio oficial pero no te venden ninguna divisa extranjera a precio oficial, unos listos.

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“La troupe de Mi Gran Viaje” en la gira por Venezuela y Colombia.

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Caracas. Foto-Roberta

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Foto-Roberta

Como os contaba en la entrada anterior, después de pasar unos días en Caracas nos fuimos a buscar una playita en el Caribe venezolano donde hacer unas pequeñas vacaciones del viaje (je!) y cargar pilas. Caracas nos ha gustado mucho, a los tres, tiene mucha vida y se la nota en plena efervescencia debido al momento político y social que vive el país, un momento de transformación social que proyecta muchas ilusiones en el futuro, Venezuela es el laboratorio del socialismo latinoamericano, en este país se esta concretando una mezcla de nuevas y viejas recetas del socialismo con el objetivo de buscar un modelo mejor, que rompa y resuelva la miseria y la precariedad en la que vive la mayoría de la población. No hay soluciones ideales y perfectas, hay soluciones posibles y menos malas, lo que al final las convierte en las convenientes.

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Mural en las calles de Caracas.

La zona de playita elegida para pasar unos días fue Puerto Colombia. Allí nos alojamos en una casa particular para ahorrar, y resulto ser el nido de un grupo de adolescentes politoxicómanos comandados por un surfer carismático, al que apodamos “Paquirrín”, no eran mala gente aunque tuvimos que andar con mil ojos y manteniendo las distancias. No dejaban de ser unos inofensivos chavalillos que no saben en la mierda en que se están metiendo, la coca les perdía, una pena. Para sufragarse la adicción alquilaban las habitaciones y organizaban pequeñas fiestas en su chalecito, con aromas a Scarface, donde llevaban a guiris viciosetes que captaban a través de una angelical inglesa-gancho en el pequeño malecón del pueblo, les ponían Vive La Fete a todo meter y los lonchazos se escuchaban desde nuestras habitaciones, menudo ambiente post-trainspotting caribeño…

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Como un p_ _ _ marciano cogiendo cocos…

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Después de ver estas dos fotos no se con que quedarme, si con el moñito del Joaquín o con el modelito de Roberta.

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Joaquín desplegando sus artes amatorias con una simpática lugareña.

Al margen del pakirrismo, los días en Puerto Colombia se caracterizaron por la playa, los bocatas de jamón, las tapitas de coco y las cervecitas nocturnas en el malecón, donde todo el mundo se reunía al atardecer. Puerto Colombia es una zona de turismo local, donde los caraqueños se escapan los fines de semana con sus neveras portátiles llenas de ron y refrigerios para disfrutar con la familia y amigos a la orilla de sus preciosas playas. Nosotros dormitamos y descansamos a gusto bajo los cocoteros caribeños y hasta algún día nos activamos para visitar en lancha alguna playa más alejada, estuvieron bien esos días playeros, fue chévere. Cuando nos sentimos plenos de playa y pakirrismo, y lo suficientemente quemados por el Sol, decidimos poner rumbo a Ciudad Bolívar, ciudad a orillas del Orinoco y lugar desde donde se visita el mítico Salto del Ángel.

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Playa Grande, Puerto Colombia.

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Cuando vimos el rio Orinoco por primera vez nos quedamos embelesados y alucinados ante ese enorme torrente de aguas marrones, y nos mirábamos y nos decíamos con asombro-…el Orinoco…-, y volvíamos nuestra mirada al rio, y asentíamos para nosotros, y nos repetíamos – …el Orinoco…-. Demasiado documental a cuestas y primer contacto con la madre Amazonía… Pero Ciudad Bolívar es más que el Orinoco, su casco viejo es muy agradable, y paseable, es colonial y tiene una combinación de colores en fachadas, ventanas y puertas que la hace muy vistosa.

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Ciudad Bolívar es desde donde parten los tours para visitar el famoso salto del Ángel, el salto de agua más largo del mundo, casi un kilometro de cascada que nosotros finalmente decidimos no visitar, Joaquín sí. Y no lo visitamos porque el precio del tour era de 185 euros para dos días y medio, y porque la única forma de pagarla, si no querías pagar a cambio oficial, es decir 550 euros!, era a través de una transferencia bancaria por internet, y a mi no me apetecía exponer todos mis ahorros en cualquier ordenador. Nos costo mucho decidirnos y renunciar al Salto del Ángel, pero acertamos al no hacerlo. Aquí se vio la distinta mentalidad entre un viaje largo y uno de vacaciones, para Joaquín el Salto era parte fundamental de sus vacaciones y no le importa gastar más, para nosotros el Salto es un lugar interesante más entre muchos otros, y pagar ese dineral por dos días y medio era una pasada. Otra vez será, hay que saber renunciar, ley de vida. Así que nos separamos de Joaquín por unos días, el se fue a ver el Salto y nosotros nos fuimos en un autobús refrigerador nocturno a Mérida, entre los Andes. Con Joaquín quedamos en reunirnos unos días más tarde en Colombia.

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Pero antes de llegar a Mérida me gustaría contar una jugosa e ilustrativa conversación que tuvimos en el hotel de Ciudad Bolívar con un “antichavista”. Era un blanquito, ¿como no?, flaquito y muy fino, y parecía incomodo al remover su pompis en la inmensa silla de madera desde nos hablaba, y desde donde cortejaba a una griega allá alojada, la cual no le hacía ni caso. El tema es que el personaje en cuestión aprovecho una pregunta mía referente al cambio de moneda en Venezuela  para deslizarse a un pequeño mitin antichavista, y fue clarificador… Nos conto que el gobierno de Chávez es “populista” porque a través del elevado “gasto público” “compra los votos” entre el pueblo, también dijo que “un gobierno hay que gestionarlo como una empresa” y lo que estaba ocurriendo en Venezuela no podía ser. Yo no entre a discutir ni contestar, preferí escuchar, pero según me hablaba me imaginaba a un habitante de uno de esos barrios de arrabal de cualquier ciudad venezolana, uno de esos lugares pobres, abandonados y olvidados durante décadas por la oligarquía venezolana, e imaginé como le respondería -Sí, tiene usted razón, Chávez ha comprado mi voto porque ha puesto sanidad gratuita y educación gratuita en mi barrio, cosa que nunca tuvimos, y si eso es populismo y comprar votos, estoy encantado de ello.-. Esta conversación fue clarificadora, muestra como piensa y razona la oligarquía latinoamericana, llama “populismo” a los gobiernos de izquierdas, “gasto público” al gasto social y “comprar votos” a cumplir con el programa prometido y resolver los problemas más importantes de la población. Y encima conciben el gobierno de un país como la gestión de una empresa, su empresa: “Oligarquía Blanquita y Capital Gringoeuropeo S.L.”

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Foto-Roberta

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Mérida esta enclavada entre las montañas andinas y es menos bonita de lo que nos habían contado, y de lo que predica su fama. Aun así, allá pasamos buenos momentos, paseamos la ciudad de tranqui, vimos la pelicula Persépolis en un centro cultural y nos fuimos un día de caminata por las montañas andinas con el objetivo de darnos un baño en unas aguas termales. Esta caminata nos encanto, el paisaje andino es espectacular y nos dimos cuenta de que nos hacia falta patear al aire libre después de tanto urbaneo, fue un poco paliza pero pudimos reponernos después de comernos las mejores empanadas de Venezuela y un delicioso jugo de fresas en un pequeño pueblo muy cuco.

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Pateando los Andes.

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Foto-Roberta

Y de la segunda Mérida del viaje a la primera Pamplona del mismo, pero ya en Colombia, donde recuperamos nuestro habitual poder adquisitivo, por lo que dejamos de estar vigilando el gasto continuamente como en Venezuela. Pamplona fue una merecida cura de buena comida y pequeños caprichos. Es una pequeña ciudad rodeada por los Andes que esta llena de pastelerías y casinos, también tiene cacharrerías y un bar al lado del cementerio que se llama “La última lagrima”. En Pamplona nos reencontramos con Joaquín y junto a él cogimos un bus con la idea de ir a Tunja.

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Pamplona.

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No es una foto de los años 70 sino el momento del reencuentro en Pamplona.

Y decía que cogimos un bus con la idea de ir a Tunja porque al final no fuimos a Tunja, al final fuimos a Bogotá. Durante el viaje entre espectaculares paisajes andinos, y después de unas cuantas horas de asiento, “el del bus” nos dijo de repente – ¿para que van a Tunja a pasar frio? vayan a Bogotá, que es mejor.- y por alguna extraña razón del movimiento y de los viajes nos convenció, el problema es que el autobús llegaba a las tres de la mañana a Bogotá y no nos parecía muy buena hora, pero “el del bus” nos dijo que si queríamos podíamos quedarnos en el bus durmiendo hasta que amaneciera, y así hicimos. Que tío más majo!. Y llegamos a Bogotá.

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Plaza Bolívar, Bogotá. al fondo una manifestación contra el tratado de libre comercio con la UE.

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Bogotá de noche y desde el mirador de Monserrate. Foto-Roberta

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Lo que más nos gusta de Colombia es su gente, hasta ahora la gente más amable de todo el viaje, y que no se me enfade nadie, pero es verdad. Hemos quedado alucinados por el trato que hemos recibido de los colombianos, nos han regalado, nos han acompañado, y nos han tratado con una educación, un cariño y una atención que a veces nos daba corte. Colombia es un maravilloso país con una maravillosa gente, y esta lejos de esa imagen negativa que tiene desde el exterior. Al margen de lo político y de la violencia que sufre y ha sufrido el país, creo que Colombia se merece otra imagen desde el exterior, no es justo.

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Detalle del Mercado de las pulgas, Bogotá. Foto-Roberta

Y además de su maravillosa gente nos hemos encontrado con una maravillosa ciudad, con Bogotá, toda una sorpresa. Bogotá es preciosa, sobre todo la zona de la Candelaria, la parte antigua, estamos encantados con Bogotá, la ciudad más interesante junto a México DF de lo que llevo en América, hay de todo y mucho que ver, da para mucho y ya casi llevamos una semana acá y no nos hemos dado ni cuenta. Y encima hemos tenido otro bonito reencuentro, nos hemos reencontrado con Nuria, una buena amiga del Camino de Santiago, Nuria ha venido a Bogotá por tres meses a trabajar en una compañía de danza, es bailarina, así que han sido días de paseos y cafetitos en los que nos hemos puesto al día de lo acontecido a cada uno. Y también hemos tomado cervecitas en los bares heavys del Chorro, y comido hormigas culonas con las boca abierta, y hemos bebido canelazos calentitos en el mirador de Monserrate, y hemos visto la catedral de sal de la cercana Zipaquirá, y fuimos al Museo Nacional, y nos marcamos cenitas suculentas y en buena compañía, y paseamos la preciosa zona de la Candelaria, y nos separamos de Joaquín, esta vez definitivamente hasta la vuelta a Madrid, el decidió irse para el norte y conocer Cartagena de Indias y Santa Marta, y desde allá se ira a Caracas, y final de vacaciones. Un abrazo muy fuerte Joaquín, fuerza para la vuelta, nos vemos en los bares (recuerda repartir las hormigas culonas entre l@s colegas!).

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El barrio de La Candelaria, Bogotá. Foto-Roberta

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Planeando el atraco, Lourdes, una amiga de Nuria, a la izquierda, y Nuria a la derecha.

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Vaya caras!… jejeje

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Pues anda que aquí…

En Bogotá nos quedaremos unos días más de tranqui y disfrutando de la compañía de Nuria y de lo que nos ofrece esta estupenda ciudad, después seguiremos camino de Ecuador parando en algún pueblecito andino para patear algo y relajarnos, es lo que ahora nos apetece, y después Perú, con su Lima y su Machu Pichu, y su Cuzco, y luego no sé, porque aun no he planificado lo que vendrá después, ya os contaré…

(Para una información más detallada sobre visados, transportes, fronteras, alojamientos y demás, visitad la entrada “Datos Prácticos del Viaje IV”, julio 09).

Otra ciudad, otro país…

julio 8, 2009

Nicaragua tiene un gran lago interior, el Lago de Nicaragua, y en el interior de ese lago hay dos volcanes que en su día juntaron sus erupciones de lava para formar la onírica Isla de Ometepe, un perfecto ecosistema para kingkones y pueblos caníbales que está plagado de colibrís nocturnos con la panza llena de luciérnagas, lastima que estos colibrís no sean transparentes y que nada de esto sea verdad, lo de los volcanes sí.

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En la isla de los colibrís sin luciérnagas en la panza nos quedamos un par de noches muy muy de tranqui, y una de esas noches conocimos a Antonio y a Michele, los dos de la tierra de Roberta. Michele es terrateniente en la isla y en su tiempo libre cocina tortellini, tuvimos la suerte de probarlos, y Antonio acaba de empezar Su Gran Viaje, apenas un mes y pico, pero lleno de intensidad, y lo que le queda, y tiene un blog de viaje http://pallamondo.wordpress.com/, con él tuvimos una de esas buenas y nutrientes tertulias viajeras en la que predomino el tema berlusconiano versus Italia, tema omnipresente en este viaje, y los tiempos históricos que vivimos y los que se nos avecinan, otro tema protagonista en este viaje, y es que el ambiente mundial esta eléctrico y cambiante, y la gente empieza a percibir la corriente de aire de la puerta entreabierta…

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Foto-Roberta

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La tormenta se avecina, y parece que quiere limpiar el aire cargado y denso… en la Isla de Ometepe

Y de la isla de las luciérnagas al autobús y dirección sur, que es lo nuestro, el movimiento, en este caso el destino era San José, otra ciudad y otro país, esta vez Costa Rica, un país sin ejército y con olor gringo. En el autobús nos pusieron una película de chiguaguas karatecas que hablaban y disfrutamos de la erótica de los asientos de skay, y de los paisajes verdes que se movían hacia atrás. En San José paseamos enterito el centro de la ciudad, apurando las calles, unas calles llenas de mujeres embutidas en modelos de telenovela venezolana y que hacían equilibrios para no caerse de los altísimos tacones, sin pájaros, esta vez. San José es una ciudad de arquitectura extraña y urbana, y eso me gusto, me refresco de tanto colorín colonial, volví a los grises y a la variedad. Nos gusto mucho la iglesia de la Merced, tenia algo de Tolkien y su “Señor de los anillos”, esta construida sobre columnas estrechas, metálicas y decoradas con flores, y cada una de ellas era distinta.

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Iglesia de la Merced. Foto-Roberta

Y vuelta a la carretera, a otro autobús, ahora rumbo a Ciudad de Panamá, pero antes de hablar de Panamá quiero aclararos algo: Desde México cambie el concepto de viaje, bueno, realmente este concepto no para de cambiar, yo me dedico a intentar interpretarlo y adecuarme a el, pero si es verdad que allí hubo un punto de inflexión, allí decidí que por ganas, dinero y tiempo iba a viajar mas selectivo y ligero, me explico: en Asia viajaba muy lento, quería fluir, o lo intentaba, y me gustaba abandonarme un poco, así que le dedicaba mucho tiempo a los lugares, incluso a los que no me atraian mucho, realmente en Asia el lugar era lo de menos, eso era lo que queria en ese momento. Con la llegada a México me di cuenta de que quería ir más rápido y selectivo con los lugares, el viaje ya no era sine die, si viajara en América al ritmo asiático llegaría a la Patagonia en el 2012 o a saber. Así, los países que atravesare en mi itinerario hacia Ushuaia los he dividido en “países de tránsito” y “países de estancia”, en los “de transito” estaré poco y de paso, y en los “de estancia” estaré más porque me interesan más o porque me da la gana, que es lo que importa. De este modo en Centroamérica nos centramos (je!) en Guatemala y Nicaragua, y el resto eran países de tránsito, sobre todo Costa Rica y Panamá, hacia Sudamérica, allí haré lo mismo, e incluso en los países que quiero estar más tiempo procurare ver solo lo que más me interesa, el viaje ya no esta para dulces derivas y florituras superfluas, ni yo tampoco. Así que por eso la velocidad y el movimiento, una velocidad y un movimiento que os tengo que confesar que me encantan, me gusta ese sabor especial de las paradas de autobús en mitad de ninguna parte, la electricidad del paisaje que se queda atrás, percibir con mi cansancio el roce de la geografía que se agota, a saber ¿por qué?…

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Sigo. Y llegamos a otro país y a otra ciudad, llegamos a Ciudad de Panamá o Panamá City, la ciudad del Canal. Allí nos alojamos en un precioso y decadente hotel del casco viejo, un hotel que alojó en su día, a principios del siglo XX, a trabajadores de la faraónica obra del Canal interoceánico. Allí, en el hotel, a Roberta le dio un punto, un acceso laboral particulare, como lleva mucho tiempo sin trabajar, es restauradora, se puso a hurgar compulsivamente con un imperdible en la pared de la habitación durante un largo rato, justo detras de la cama, porque decía que se veía que debajo de la pintura desconchada había algo, y no encontró un fresco romano, cosa que hubiera sido el notición del siglo y hubiera cambiado toda la historia de la humanidad, pero si encontró un falso papel pintado de esos estridentes y floridos, de los que no dejan descansar la mente, después de eso se quedo más tranquila y allá dejó para las próximas generaciones mochileras un hermosote desconchon colorao. Cosas de la Roberta.

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¿Y esta foto quién la ha echado?, en un mercado de San José. Foto-?

En Ciudad de Panamá recorrimos la parte antigua, su arquitectura es colonial y esta enclavada en una pequeña peninsula rocosa frente a la Panamá nueva y emergente de los grandes rascacielos de hormigón playero. Y en pleno centro de la ciudad frecuentamos el Café Coca Cola, es un bareto muy español de comidas baratas y caseras donde se estaba muy a gusto, y ej que, como me dijo acertadamente Roberta, mientras comíamos una jugosa hamburguesa, “saliste de viaje buscando lo distinto y lo nuevo, y vuelves buscando lo familiar y cotidiano”, y es verdad, cosas de los viajes y cosas mías.

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La nueva Ciudad de Panamá vista desde la antigua. Foto-Roberta

También fuimos a ver el Canal de Panamá, bueno un tramo de él, estuvo bien la visita, el Canal tiene una longitud de 80km y tres juegos de exclusas que como ascensores suben y bajan los barcos entre los dos océanos, el Pacífico y el Atlántico, superando así la estrecha franja de tierra continental. Se estima que con la perforación realizada para construir el Canal se hubiera podido realizar un agujero que atravesara nuestro planeta de un lado a otro, y sobraría. Durante la realización de esta descomunal obra murieron miles y miles de trabajadores de todas las nacionalidades, entre ellos muchos españoles e italianos, debido a las lamentables condiciones de trabajo, ahora en los museos de Panamá les llaman héroes, y nadie habla de explotación, cosas de quien escribe la historia.

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Exclusa de Miraflores, Canal de Panamá. Foto-Roberta

Y por fin llegamos al final del embudo centroamericano, un embudo con tapón terrestre, el mítico “Tapón del Darién”, lugar gordiano-mochilero, una extensa franja de selva en la frontera entre Panamá y Colombia que frena en seco la carretera Panamericana, la cual arranca desde Gringoladia y que en gran parte hemos recorrido hasta ahora. La selva del Darién se puede atravesar por tierra, pero no es recomendable por las malas condiciones del recorrido y porque es muy peligroso, en toda esta zona fronteriza están muy presentes los narcos, y no es plan. Así, que desde Panamá City hay tres opciones para alcanzar Colombia sorteando el “Tapón del Darién” y no morir en el intento: 1) Un vuelo directo a Cartagena de Indias (Colombia), la opción más cara, cómoda y rápida. 2) Coger un barco privado, tipo crucerito, desde Colón, en el Caribe, hasta Cartagena, pasando por las paradisíacas islas de San Blas, esta es la opción que requiere más tiempo, la más hedonista y no es la más barata, pero asequible, y 3), la nuestra, la mas barata, incomoda y cañera: coger una avioneta desde Panamá City hasta el pueblo mas cercano a la frontera colombiana por la costa caribeña (Ver entrada Datos Prácticos  del Viaje III y IV) y desde allí enlazar varias lanchas para pasar la frontera por el litoral y llegar a Turbo, ya al otro lado del embudo, en Colombia, en Sudamérica.

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El Caribe del “Tapón del Darién”. Foto-Roberta

Sortear el “Tapón del Darién” nos llevo dos días. La avioneta desde Panamá nos dejo en Tubuala, que es una pista de avionetas y un embarcadero techado al lado de un lago, y ya. Desde la avioneta se veían los dos oceanos y la estrecha franja de tierra que es Panamá. Al llegar a Tubuala había gente, sobre todo población indígena, pero poco a poco se fueron marchando en sus canoas y nos quedamos solos Roberta, yo, el embarcadero y la pista, en mitad de ninguna parte y flipando un poco, faltaban tres horas para que saliera la lancha hacia la frontera, tiempo suficiente para que nos acribillaran los mosquitos y para que Roberta me ganara al chinchón con un chinchón, y encima no teníamos comida y agua, afortunadamente un lugareño-curandero que paso por allí, y que le pregunto a Roberta que si estaba libre de compromiso ¿!, nos regalo unos mangos con los que saciar la sed y el hambre. Después pillamos la lancha y nos llevo a Puerto Obaldia, al último pueblo Panameño, el paisaje durante el viaje en lancha fue precioso aunque nuestras nalgas sufrieron la horita de olas, y eso que el mar estaba tranquilo. En Puerto Obaldia sellamos pasaportes y otra lancha a Capurganá, el primer pueblo de Colombia, y un tesorito escondido, es un pueblo caribeño precioso que invitaba a quedarse, y así hicimos porque la lancha a Turbo salía al día siguiente.

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El embarcadero de Tubuala, y ya.

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Partidita de chinchón en mitad de ninguna parte.

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Foto-Roberta

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En la lancha a Turbo.

Y al llegar a Colombia, a Sudamérica, y despues de besar el suelo, seguimos nuestra propia inercia de movimiento viajero, ¿para que parar?, y cogimos un “autobús criminal” más un “minibús congelador” que nos llevo maltrechos y agotados, y con el culo cuadrado, a la mítica y hermosa ciudad de Cartagena de Indias, perla del Caribe y ambición de piratas. Allí paramos, e intentamos descansar, digo intentamos porque el calor era agobiante, se dormía muy mal por la temperatura. Y visitamos despacito la ciudad, para no cansarnos, y nos gusto, ¿a quien no le puede gustar Cartagena?, pero si es verdad que es un poco ciudad-museo, muy turística e irreal, el centro esta muy cuidado pero los barrios populares de alrededor estan abandonados, da pena y canta, canta esa America que crea guetos para ricos y turistas, esos blanquitos que van del coche a casa y de casa al coche y de ahí al centro comercial o yo que sé, esa segregación espacial del pobre, que están allí fuera ardiendo, abandonados y sospechosos de la violencia, que en muchos casos es lo único que les queda. Otra vez el miedo. El miedo del rico al pobre, perfecta excusa para la segregación. Y eso, Cartagena muy bonita con sus balcones y tal, ah! y había que pagar en todas las iglesias para verlas, una actitud muy poco cristiana, aunque como decía aquel:”Serán católicos, pero no son cristianos”.

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Cartagena de Indias. Foto-Roberta

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Foto-Roberta

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Foto-Roberta

Ya ralentizados y cartageneados, nos fuimos a Caracas, en un autobús-congelador, 19º constantes durante 23h, la gente estaba en el bus con guantes de lana, gorros y mantas, y todo ello atravesando un precioso paisaje Caribeño, demencial… El objetivo de este gran salto de país a país es Joaquín, un objetivo amigable, y es que este gran amigo de toda la vida y compañero de muchas aventuras y desventura vitales, y lo que nos queda, se decidió, y se atrevió, a venirse un mes para viajar con nosotros y compartir este Mi Gran Viaje, nos hemos juntado en Caracas y viajaremos juntos por Venezuela y quizás un poco de Colombia. Ha estado guay reencontrarnos, y a la vez ha sido muy natural, que viniera Joaquín es como si viniera una porción de casa, y eso está muy bien. Así que a partir de Caracas somos tres en Mi Gran Viaje.

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Este sujeto es Joaquín. Foto-Roberta

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Foto-Roberta

-En Caracas hay de todo, españoles, italianos… y los del arroz, si hombre, los del arroz… ¿como se llaman? ah! chinos y japoneses… Y todos se quedan.-. Esto fue lo que nos contaban unas mujeres sentadas en un parque céntrico de Caracas ayer por la tarde, eran tres: una gallega, una italiana y una caraqueña, muy majas y simpáticas, y preguntonas. Y si, en Caracas hay de todo, una gran ciudad que rompe con las capitales de Centroamérica, mucho más pequeñas. Aquí llevamos tres días, mañana nos vamos a buscar una playita molona en el Caribe donde cargar las pilas los tres, que nos hace falta. En Caracas hemos ratoneado la ciudad, y su museo de arte contemporaneo, y eso, andar, curiosear y reencontrarme con el Joaquín, que ya nos estamos poniendo al día entre cervecita y cervecita. Ah! que se me ha pasado, Joaquín trajo Jamón Serrano, y del Ibérico! y queso manchego semicurado! oe! oe! oe!… lastima que le requisaran la botella de vino en el aeropuerto de Paris.

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Como meros “Alfredos Landa” en vente pá Venezuela Pepe… Solo nos falta dar palmas y cantar Manolo Escobar. No tengo explicación ni justificación para la cara de Joaquín, quizas puede ser por la emoción del reencuentro. Foto-Roberta

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Lamentable, pero real… Foto Roberta

NOTA: Todas las fotos de esta entrada son de Roberta porque mi camara es un hormiguero de virus de medio mundo. Así, que por eso Roberta no sale en las fotos, aunque no aparece está, lo digo por tranquilizar a familiares y amig@s de la romana.

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SEGUNDA NOTA (y definitiva): Finalmente he conseguido mediante piruetas y malabares ciberintermauticos acceder a mis fotos y colgar algunas, parece ser que dependiendo del ciber café y su respectivo sistema antivirus puedo o no puedo acceder a mis fotos,  a ver si seguimos con suerte en el futuro…

(Para una información más detallada de transportes, visados, fronteras, precios, alojamientos y demás, visitad la entrada “Datos Prácticos del Viaje III y IV”, julio 09).

Chickenbuseando en el ombligo de América

junio 22, 2009

La entrada a Guatemala desde México incluía un regalito inesperado, Belice, nuestro minibús atravesaba este país de cabo a rabo antes de cruzar la frontera guatemalteca, y no estuvo mal, excepto por la tasa de 15 dólares que tuvimos que pagar, fue un paseo por un país que no pensábamos ver y nos gusto la panorámica, nos recordó a Jamaica, o al menos a esa Jamaica que habita en nuestro imaginario…

Nuestro primer objetivo en Guatemala fue la ciudad de Flores, ciudad-islita en mitad de un lago, desde donde visitamos la mítica ciudad maya de Tikal…

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Templo del Gran Jaguar de Tikal.

La ciudad de Tikal fue uno de los principales centros de la civilización maya, llego a tener más de cien mil habitantes y domino un vasto territorio. Ahora solo quedan, como en Bagan o en Angkor, las ruinas de los grandes edificios de piedra envueltos por la selva. Tikal gira en torno a su gran plaza central acotada por las pirámides del Templo del Gran Jaguar y el Templo de las Mascaras. La pirámide más alta de Tikal es el templo de la Serpiente Bicéfala con 64m de altura, esta considerada la construcción más alta de la América precolombina, desde su cúspide hay una panorámica de esas que no se olvidan, y más si hay bruma y lluvia como ocurrió esa mañana, desde allá arriba se ven la mayoría de las pirámides de Tikal sobresaliendo dispersas por encima de la lujuriosa vegetación, y si te mantienes en silencio un ratito quizás puedas escuchar a un mono aullador que quizás está encaramado a una gigantesca ceiba, una de esas ceibas sagradas que según los mayas abarcaban y comunicaban el inframundo, la tierra y el cielo…

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Viendo las ruinas de Tikal nos ocurrió algo curioso, estábamos descansando en la plaza central y de repente la gente empezó a agitarse y a señalar el cielo, al momento un guía nos comenta -¿han visto?-, -¿el qué?- le digo yo, algo desconfiado, este seguro que quiere algo, pensaba, -el Sol-, me dice, -miren, esto nunca pasó-… en el cielo había como una especie de ¨gran filtro circular¨, como ¨una sombrilla¨ que cubria el Sol ampliamente y lo hacia brillar menos. Yo ya me decía – ¡seré gafe!- y Roberta riéndose exclamaba -¡siamo gli eletti!-. Pero sí había ocurrido antes, otro guía nos contó que ese fenómeno atmosférico ocurre justo antes de la estación de lluvias, momento en el que nos encontrabamos. Estuvo bien ese instante mágico de casi eclipse que vivimos en la gran plaza de Tikal, que mejor lugar para ver algo asi…

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El extraño fenomeno.

Y del evocador mundo de Tikal nos cogimos un ¨chicken bus¨ donde después de doce horas de viaje, tiempo suficiente para coger claramente el concepto de porque los llaman asi, llegamos a la temida y peligrosa Ciudad de Guatemala, allí arribamos de noche y con los ojos y orejas muy abiertos, Guatemala City es tristemente famosa por su inseguridad y delincuencia, y nosotros en estos países somos como caramelitos con mochila. Asi que salimos de la estación de autobuses y nos colamos en el hotel más cercano. Solo pasamos una noche en la capital y a la mañana siguiente pasamos algunas horas paseando por el centro, antes dejamos las pertenencias más valiosas en el hotel, y el caso es que la parte antigua nos gusto bastante, pero si es verdad que la sensación de inseguridad es grande, y sobre todo se ve en las tremendas medidas de seguridad de los comercios, ves puestos callejeros de comida con guardia de seguridad y su correspondiente escopeta recortada, demencial… y triste.

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Los ¨chicken bus¨.

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Ciudad de Guatemala.

En Ciudad de Guatemala cogimos otro ¨chicken bus¨ y nos fuimos a la bonita y apacible ciudad de Antigua, ciudad al pie de los volcanes Agua, Fuego y Acatenango. Allí descansamos un poco de tanto bus y de tanto chicken. Antigua es considerada como una de las ciudades coloniales más bonitas de América y en su día rivalizó en esplendor con Lima, Potosí o México, ahora es una ciudad llena de cursos de español para gringos y de bares para los pijos de la capital que huyen de la inseguridad, y aun asi es preciosa, es una amplia cuadricula con los consabidos colores pastel que se extiende bajo la mirada de sus volcanes, la ciudad esta rebosante de grandes iglesias barrocas derruidas por los terremotos de 1773, ¨barroco sísmico¨ que lo llaman, y es que vivir a pie de volcanes es bonito pero tiene su precio…

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Antigua.

En Antigua encontramos un hostal acogedor y barato con un bonito patio donde se estaba muy bien, y encima tenía cocina!. Allí conocimos a Ander y a Joseba, dos bilbaínos de Orduña, y del Athletic, por supuesto, que venían de hacer un voluntariado en unas comunidades del interior del país, con ellos tuvimos largas e interesantes conversaciones de patio de vecinos, salimos de cervecitas y hasta nos curramos una cenita, bueno, se la curro más Roberta, nosotros hicimos de meros pinches, donde hubo vino chileno y todo. En una de esas fecundas tertulias de patio de vecinos Joseba me conto una historia, una de esas increíbles historias que uno se topa viajando, yo ya llevo bastantes y no todas las he contado, pero esta no puedo dejar de contarla, ya que se trata nada más y nada menos que de la historia del origen del nombre del calimocho! casi naa!, un documento en exclusiva para Mi Gran Viaje!, ahí va contado de primera mano por uno de los protagonistas (gracias Joseba):

“El nacimiento y bautizo de este mítico brebaje verbenero se fraguó en una situación desesperada en las fiestas del Puerto Viejo de Algorta en 1972. Todo ocurrió un 12 de agosto. La cuadrilla antzarrak se encargó de los preparativos. Apenas tenían 17 años, pero comprobaron que las cosas no siempre salen como se planifican. Con la txosna (chiringo) que montaron en los bajos del “Etxetxu” debían sufragar la mayor parte de los festejos. Confiaron en el buen beber de los txikiteros (dicese buenos bebedores de vino) y compraron 2000 litros de cosechero de la Rioja a un vinatero local, a 16.50 pesetas la botella. Un mal trago, porque, al mediodía, al servir los primeros potes (vasos de vino), notaron como los clientes fruncían el ceño, pagaban y se iban, aunque algunos no se anduvieron con rodeos: “Cojones! esto no se puede beber, ¿que coño de vino habéis traído aquí? o “Me queréis envenenar? !Este está picado!” Comprobaron que todo el caldo estaba malo. “Que acojono, éramos unos críos, pero tomamos conciencia del desastre financiero que se nos avecinaba, estábamos jodidos!”.En lugar de darles la espalda, los chavales encontraron la complicidad de los txikiteros. Les sugirieron que mezclaran el vino picado con otras bebidas, para que no se notara el sabor. Después de mucho debatir, dieron con la formula mágica, lo combinarían con Coca Cola y lo enfriarían para disimular el sabor, nada nuevo, por aquel entonces en los bares de postín de Bilbo, ya corría el “Rioja Libre”, bebida minoritaria de señoritos. El siguiente paso era crear un nombre fascinante. “Nos pasamos mas de dos horas diciendo tonterías, sin encontrar nada impactante” Soltábamos las típicas chorradas que se nos venían a la cabeza, “por tu vino”, “por tu vaina”, “tía buena”, hasta que llegó el mágico momento, a las cinco de la tarde apareció un tío de la cuadrilla de Erandio, al que casi todo el mundo llamaba “kalimero” de apodo, el chaval no era precisamente muy agraciado, alguien al verlo gritó: joder que feo eres Kalimero!!, alguien dijo que en euskera feo era motxo lo que negaron todos, lo cierto es que Kalimero se sumó a la fiesta y cantó: motxo! motxo! y entre Kalimero y motxo, surgió de casualidad KALIMOTXO. Antzarrak colgó en su txosna el cartel: ¨Kalimotxo, mezcla secreta¨ y salvó unas fiestas que amenazaban con “picarse” sin que nadie supiera lo que se llevaba a la boca¨.

Para que luego digáis que no os formo e ilustro. Ya podéis fardar explicando el origen de esta maravillosa mezcla (siempre que no llega alguien jodiendola con la mierda del licor de mora) que tantas horas de botellón y tertulia ha alimentado. Los caminos del viaje son inescrutables…

Con Ander y Joseba tuvimos muy buen rollito, son muy buena gente, hasta nos emocionamos en la despedida, ya hemos quedado para conocer el templo del kalimotxo en Orduña y para recorrer la noche madrileña. Ellos se iban para México y nosotros a Chichicastenango cogiendo y encadenado chicken bus con chicken bus…

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De izquierda a derecha: Ander, Joseba y Nos.

Chichicastenango o Chichi es un pueblo con mucho sabor indígena, tiene un famoso y colorista mercado semanal de artesanía y una iglesia con practicas sincréticas que mezclan lo maya y lo católico, aunque sin llegar al nivel de San Juan Chamula en Chiapas. En estos pueblos de tanta población indígena pasear por la calle, recorrerlos, es más divertido, y viendo las imágenes de pueblos como Chichi ¿quien puede decir que América no es tan exótica como Asia?…

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Realizando rituales de origen maya a las puertas de la iglesia de Santo Tomás.

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Foto-Roberta.

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Y de Chichi seguimos chickenbuseando, esta vez hasta el ombligo de América, hasta el Lago Atitlán. Un alucinante lago rodeado por volcanes de más de tres mil metros de altura y con un paisaje cuasinórdico. Allí me puse malito, que no malo, me atacó una bichita de naa, de las mías, y anduve con ¨diarrea cincocalzoncillera¨ durante un par de días, lo que unido a las lluvias retraso la exploración del entorno, asi que nos dedicamos a jugar al chinchón y a apostar cosas absurdas, básicamente. Pasado el temporal recorrimos el lago en una lancha y visitamos Santiago de Atitlan, donde no hay campus stellae pero pudimos ver pájaros con tacones andando por tejados de zinc, una iglesia católica reverenciando un volcán y un curita católico dentro de la iglesia católica diciendo a la parroquia indígena que el dolor te purifica en esta vida para llegar más fácil al cielo, ¡tócate los cojones!, después de escuchar esto decidí comprarme una camisa indígena color azul con ribetes pardos que me queda muy bien con mi pantalón tai rojo burdeos, ¿quien dijo que los madrileños no tenemos glamour?!…

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El lago Atitlán y sus volcanes de más de 3000m de altura.

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Santiago de Atitlán

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Iglesia de Santiago de Atitlán.

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La parroquia indígena y el curita al fondo. Foto-Roberta.

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Dentro de una iglesia evangelista en Santiago de Atitlán.

Hasta aquí llegó el chickenbuseo, porque del Lago Atitlán cogimos un minibús mochilero que nos llevo aplastaditos y directitos, después de todo un día de viaje, a Copán, al otro lado de la frontera. Honduras nos recibió con un increíble cielo estrellado y unos funcionarios de fronteras que estaban más pendientes del futbol en la tele que de nuestros pasaportes, cosa que se agradece. El pueblo de Copan nos gusto mucho, nos pareció muy real, y también nos gusto las ruinas de la antigua ciudad de Copan, el último yacimiento maya en nuestro viaje, y otra de esas grandes urbes del fascinante mundo maya. No fue el yacimiento más espectacular pero si el más cuidado que hemos encontrado, y allí pasamos una buena mañana dando vueltas y subiendo y bajando templos, además nos enteramos de que existió un rey llamado Madrugada y otro que se llamaba 18 Conejos, y también vimos una ceiba plantada por una princesa japonesa, no sabemos su nombre, pero ceiba en maya se dice yax ché.

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Copán.

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Foto-Roberta.

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Y volvimos a la carretera, a los autobuses, que es lo nuestro, ahora rumbo a Tegucigalpa, una ciudad que solo tiene de bonito el nombre, aunque tampoco podemos juzgar demasiado porque no la vimos mucho, preferimos más la casa de Eva: su sofá, su mecedora, su cocina, su cama (gracias Eva!), su lavadora!, y su gato Gaudí. Eva es una amiga madrileña que lleva trabajando y viviendo cuatro años en Tegu, y tuvo la gentileza y la hospitalidad de acogernos en su casa durante unos días, nosotros correspondimos con nuestras mejores dotes culinarias, yo por fin hice unas tortillas de patata! oe! oe! oe! y Roberta una pasta a la carbonara de rechupete.

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Tegucigalpa.

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Eva y su gato Gaudí, y nosotros.

En Tegu estuvimos cuatro noches, después de las cuales seguimos nuestro deslizar por el embudo centroamericano, como unas bolitas reboteantes, esta vez hacia León en Nicaragua. Y la atmosfera cambio, Nicaragua es diferente, más tranquila, dejamos un poco atrás el estar pendiente de la seguridad todo el tiempo que nos acompaño por Guatemala y Honduras. León nos recibió con un aguacero espectacular que convirtió las calles en ríos. León es colonial, con las consabidas y consabidas características de las ciudades coloniales que ya he retratado muchas veces, pero distinta, porque los colores eran vivos y la ciudad también esta viva, habitada por gente que es gente. Asi, que le dimos al paseo y al curioseo que es de rigor. También visitamos el museo de la revolución sandinista, un edificio casi abandonado que llevan los veteranos de la guerrilla sandinista, nos lo explico Ernesto, un ex guerrillero que nos conto la toma de León por los sandinistas paso a paso, fue tan literal que yo acabe agotado, asi que decidimos irnos al cine y nos vimos Star Trek! con traducción mexicana, lo que tiene su gracia, que ricas las palomitas.

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Foto-Roberta.

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Foto-Roberta.

Y de León a Granada, sin estar en España. Y sin tapas y sin cañitas cruzcampo mal tiradas… y sin Albaicín. Pero no esta mal, es colonial y tal y cual pero diferente a León, con matices que solo reconoces al recorrerla, ¿o no?. Je!. Mañana nos vamos en barco a una isla que no es colonial, creo, se llama Ometepe, ya os contare…

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Foto-Roberta.

Mientras tanto, si os cuento que el viaje sigue mutando, esta vivo, y coleando, y ya no es sine die, de momento, ya hay lugares que cierran el viajar y hasta fechas para volver a Madrid. El depósito de la gasolina viajera va bajando, y también la cuenta bancaría. El reloj de arena ha comenzado su cuenta atrás y nosotros como granitos de arena nos deslizamos hasta Sudamérica por Centroidem. El lugar final de este Mi gran viaje será Ushuaia, en la Patagonia, la ciudad mas al sur del norte, el Finisterre de este viaje y de este Camino, todo esto definitivamente de momento, y el objetivo es volver a casa en noviembre. Pero aun falta mucho viaje, y muchos lugares: Machu Pichu, Cuzco, Amazonia, Buenos Aires, Bolivia, Salto del Ángel, Iguazu… y muchas ciudades coloniales entre medias je!. Saludos desde el ombligo de América.

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Foto-Roberta.

Para una información más detallada sobre visados, transportes, alojamientos, precios y demás visitad la entrada Datos Prácticos del Viaje III (México y Centroamérica) mayo 09.